LEAN David (1908-1991)

Brief Encounter (Breve encuentro) (1945: 9.0)

La exageración es una ideología diametralmente opuesta a Brief Encounter, joya del cine inglés más clásico, que si de algo peca es precisamente de falta de exageración: de pecado por omisión, pensamiento. Sin embargo ni las imágenes ni las palabras, ni siquiera el plano final desesperante pero “lógico” (pongámonos en situación) ocultan el “pecado”. Por el contrario se señala y sugiere siempre y es muerto al final: y más que pecado habría que hablar de tentación o, con mayor cuidado, de cosas-que-pasan-en-la-vida…

La palabra o concepto que define este breve encuentro del director David Lean con la maestría (también realizó grandes o enormes obras, colosales y simpáticas) es el respeto. El respeto es clave en la relación entre Trevor Howard y Celia Johnson, respeto por sus respectivas vidas acomodadas y respeto por sus sentimientos (demasiado respeto, se diría ahora). El respeto del marido (Stanley Holloway) por su esposa, de la que sospecha torbellinos de pasión, a la que le agradece al final su renuncia, que haya resistido el embate y vuelto al redil. El respeto del relato a claves tradicionales, con el uso de una introducción, un nudo que es un largo “flashback” y una conclusión que es la propia introducción más su consecuente epílogo en el presente: respeto, renuncia, derrota del corazón (las pulsiones, el más “verdadero” sentimiento) frente al deber (moral, sentimental). Respeto por la institución familiar, beneficio de la estabilidad, a medio plazo, frente a los quebraderos de cabeza de una felicidad efímera. Triunfo de la generosidad conyugal y familiar frente al egoísmo, el individualismo del placer inminente… Estas cosas, aquí y ahora y en clave occidental, suenan a chino. Y esto será bueno o malo, bueno y malo.

Y está el respeto del director, David Lean, por las claves del relato, sabiendo acercarnos a los personajes con delicadeza, perspicacia, con un respeto, de nuevo, que también incluye una renuncia: gracias a la elipsis, al pudor (y por la censura), gracias a los elementos frágiles del cine, esos que tienen que ver con los aromas, los humos y las sombras y que en el cine actual y de los últimos decenios se han perdido o despreciado. El respeto mutuo entre Noel Coward, productor, y Lean, director, que ni se estorban ni se restan protagonismo, a no ser en la presentación del film, donde Coward parece asumir mayor dosis de autoría al colocarse el último; pero colaboración se deduce perfecta. Respeto al espectador, al que se le permite imaginarse en el lugar de los personajes, ser uno y otra, ser uno y ninguno, un respeto que nace de una puesta en escena y un montaje que se adaptan al relato “hand in glove”. Respeto a los personajes, sin hacer maniobras de despiste, sin querer enfatizar los puntos esenciales, precisamente porque lo esencial en el cine clásico ha de llamar la atención por sí mismo, se destacará “él solo” por su cariz ético y sensible, no ha de traerse a un primer plano, frotarse como una lámpara con genio dentro.

Todo este respeto lleva a una simbiosis sobresaliente, al breve encuentro dichoso contado mediante imágenes (sin trompicones ni atascos), mediante un medido tempo, en función de la lógica narrativa y dramática, en función de los personajes, al servicio de la historia o hito central que se desea contar. Así Brief Encounter puede colocarse sin miedo en la línea argumental y estética (pasión, respeto, renuncia, elegante fibra sensible) de Sunrise, Carta de una mujer desconocida o Tú y yo, películas realizadas por directores con un más marcado estilo (incluso Leo McCarey); realizadores que quedan así retratados en sus películas tanto como los protagonistas, mientras que David Lean es más invisible o más raro. Lo cual hace de este director, supuesto autor de esta película, un caso enigmático, sorprendente y refrescante (anti-dogmático) en la historia del cine, casi comparable a Michael Curtiz y su imponente y aún hoy inesperada Casablanca.