ESCRIVÁ Vicente (1913-1999)

Lo verde empieza en los Pirineos (Lo verde empieza en los Pirineos) (1973: 2.0)

Lo mejor es un punto y aparte, no queda más remedio tratando de Lo verde empieza en los Pirineos, realizada en unos años en que la censura se aflojaba y permitía ver muslos pero en los que el Régimen aún tenía la esperanza de que el perfil moral estuviera bien atado (¡para qué hablar del género político!). Me produce tristeza, pese a que me apresté a ver la película sin prejuicios ni mala sombra, observar a grandes actores como José Luis López Vázquez y José Sacristán haciendo el tonto y retratando una España que no merecía una representación tan mentecata, patética y moralista. Lo verde empieza en los Pirineos hace más llorar que sonreír pues las líneas que juntan Vicente Escrivá y Vicente Coello (para deleite de algún público) son envites desesperados por retrasar un cambio que se antojaba recomendable e imparable (ahora ya no se sabe) en la sociedad española. Es algo triste corroborar la decepción de aquellos españoles en su aventura por Biarritz en busca de tetas, culos y sexo sin faja.  No es alegre porque sospechamos que eso era verdad, triste porque los que hoy puedan reírse de esas miserias quizá no se percaten de otras dictaduras que tenemos y que, por ejemplo, han convertido en muchos casos la práctica del sexo en un confuso negocio, uno de los causantes de la fragmentación y el conservadurismo actuales (la supuesta liberación ha sido sexual o no ha sido). No es para tirar cohetes porque no es justo recrear de forma tan gandul y ajena al tacto una moda de unos años que pasó a mejor vida en 1975 y que más que liberar represiones lanzaba un bumerán que pretendía un giro de… 360 grados.

Una pena de película, una auténtica lástima, producto de la unión de un espíritu cateto, una moralina nefasta, unas ganas locas de recaudar muchas pesetas y un cariz tontamente sociológico (para no quedar mal con nadie y estar así mal con todos). Escrivá y Coello, ellos sí, quedan retratados, lo cual por lo menos es honrado, pues les podemos llamar “autores” de este engendro reaccionario, populista y sin gracia.