BERGMAN Ingmar (1918-2007)

Persona (Persona) (1966: 9.0)

Bergman conoció al primer Godard. Persona es de 1966 y es el Weekend de Bergman: el fin del cine: su frustración como medio que pueda cambiar el mundo (su rabia, en todo caso). Aunque no es verdad. Necesitan seguir, la curiosidad les corroe, es lo que saben hacer: el cine SÍ está cambiando el mundo, lo ha hecho siempre.

Persona es considerada una de las grandes películas de Bergman y de la historia del cine. Hay poderosas razones: su ambivalencia, sus imágenes abiertas a interpretación, su fantasioso o experimental inicio, títulos de crédito, sus interludios ocurrentes, la inmersión en aguas femeninas con Bibi Andersson y Liv Ullmann, la primera enfermera, habladora y simple, la segunda actriz, muda y compleja. Quizá la misma mujer o todas las mujeres, como vemos en el rostro del final que funde a ambas.

Bergman conoció a aquel Godard: fantasioso e inmediato inicio, títulos de crédito y algunas transiciones entre planos y juegos para iniciar secuencias (Ullman surgiendo de “debajo” de la cámara para tomar una foto), conciencia de estar rodando una obra que no es la vida sino una imitación, una copia; Persona es El desprecio de Bergman:

La pareja (no necesariamente lesbiana) intimando, descubriendo la limitación angustiosa del lenguaje para dar cuenta de lo que sucede, que por otro lado no puede describirse o contarse de ninguna otra forma. Sólo puede vivirse, esa idea positiva o negativa de Bergman, “carpe diem”: el tiempo se va y nosotros con Él: con el Tiempo, no con Dios.

Persona y Hitchcock: es la Psicosis de Bergman, los rostros que son uno, la identidad malherida y frustrante, el pasado en el presente, el relato de terror (Persona a ratos da miedo y es clínica, Psicosis), el teatro en el cine. Quizá la máscara del teatro vencida pero no sobrepasada por el “alma” del cine. Indagar bajo la máscara en busca de lo verdadero, del alma, es actividad cruel e inútil (casi aburrida, en breves segundos), inclemente, acuciante pero desorbitada y boba. Quizá por eso Persona es la retirada ontológica de Bergman del cine, admitiendo: no sirve; al igual que el teatro es finalmente una máscara, pese a la mayor sensación de realidad el cine es a la postre otra máscara, no nos sirve, no sustituye a la realidad (la vida, la existencia), hay que seguir buscando. Ya: pero rodando.

Persona es una joya que da muchísimo juego si queremos, en efecto, jugar. ¿Merece la pena? Hitchcock y Godard (más obsesivamente) creyeron que sí. Bergman siguió rodando veinte años más en celuloide. Persona da para mil tesis doctorales en el campo de los estudios culturales, vertiente femenina: la identidad, “donde las mujeres”, como el libro de Álvaro Pombo. La crueldad femenina, la fertilidad, el masoquismo, la emoción, las ganas de contar y el ansia de callar, la necesidad de ser comprendidas y luego tirar hacia delante, adaptarse sin suicidios. Persona es la Cabeza borradora de Bergman, sin ser ópera prima es la más desnuda, concienzuda y terroríficamente habla del silencio, la sensibilidad del individuo, la tristeza de ser humano, el nacimiento de los bebés, su terror, su congoja, perpetuar la especie no obstante. Los que quieran y sepan.