ROSSELLINI Roberto (1906-1977)

Viaggio in Italia (Te querré siempre) (1953: 10.0)

Viaggio in Italia fue un modelo capital de los franceses jóvenes que comenzaron a hacer cine en los últimos cincuenta y primeros sesenta, nueva ola. Roberto Rossellini (por encima de Welles, más adornado) se convirtió en el héroe de la teoría del director-autor, ajeno a modas y convenciones, trabajando con equipos pequeños. Sin hacer uso de gomina preciosista ni de vaselina dulcificante ni de grandes lámparas. Rechazo a las producciones ostentosas, desprecio por las narrativas típicas: la trama del comienzo, inicio y desenlace. Rechazo no total sino parcial, era 1953 y Rossellini investigaba maneras de narrar sin que la narración fuera el timón que arrastraba a los personajes, sin que los personajes estuvieran arrastrados (a la fuerza, por los pelos) por la narración. Nuevos vientos.

Ingrid Bergman y George Sanders realizan un viaje a la Italia profunda, el sur, Nápoles, y se dan cuenta de que fuera de su íntimo reino de comodidad, rutinas, trabajo y convenciones habituales sus vidas son otras. Descubren que no son felices, quizá que no se quieren (o que la felicidad no existe), no tienen nada que decirse, él piensa que ella es una tonta romántica y ella lo ve como un cínico sin sentimientos. No se entienden, acaso no se entendían tampoco antes, pero se dan de bruces con el sentido común en el viaje. Y el Viaje es el gran tema y forma de este cine, y lo es gracias al Cine, gracias a Rossellini: sacar a esos personajes de sus casillas, meterles en esa Italia de ritos y gritos, pobre, católica y barroca, de bellezas antiguas, cuerpos muertos que aún permanecen gracias a la lava del Vesubio, bellezas demasiado crudas y viejas para esta pareja burguesa y extranjera, con dinero, con educación: piensan mucho, qué sienten, por qué se hacen daño.

La historia personal o individual metida en la historia del mundo, la historia que pasa por los personajes tanto como los personajes por la Historia y por su propia historia (escrita por Rossellini y Vitaliano Brancati). Viaggio in Italia es una investigación y una improvisación: no se oponen ambos paradigmas, los dos en unión y conflicto crean el cine más ambicioso y abierto (y las tesis doctorales más injustamente fusiladas), el que contiene muchas lecturas, el que puede ver el joven y la mujer, el intelectual y el dueño del burro (pero no el burro). Rossellini, con extremada sencillez, su ojo como el ojo de la cámara (Enzio Serafín: cámara-hombre), sin argucias ni salidas de tono ni ganas de impresionar a su audiencia, se adentra en la historia de sus personajes gracias a la historia del mundo y de Italia y del propio Rossellini.

Un cine de tiempos muertos, muy anti-Hitchcock (aunque comparten el rigor y la precisión). Hacemos turismo con Bergman y vamos a una fiesta a Capri con Sanders, música tradicional de Renzo Rossellini… Viaggio in Italia se convierte en un estado de la mente y del espíritu, aquel en el que no sabemos qué es nada: qué es la felicidad o el amor, qué es la muerte y la vida, los personajes y la narración se dispersan, reflexionan sobre sí mismos, se enamoran de sus afluentes subterráneos (los museos de estatuas, las ruinas, el flirteo con la bella italiana y la puta italiana; estas visitas o escapadas o caídas en un vacío en busca de un asidero o quizá sólo buceando en pos de la autenticidad).

Godard (Fellini en su Roma hizo algo así pero en más superficial y popular y en un plano vitalista y arrogante: mucho-Fellini: un gran Fellini) en El desprecio volvió sobre lo mismo, más cerebral y consciente, también intuitivo como el italiano. Excavó en idénticas tierras, se maravilló con las tumbas, tanta belleza, terminó su film sin el relativo optimismo de Viaggio in Italia; quizá porque han pasado diez años y poco se podía añadir. O sólo se podía añadir más frustración 1) porque el ocaso de la Pareja eterna es aparente y 2) por otra cuestión: la incomprensión que este adulto cine culto (en Godard confusa y explícitamente culto) y de culto, sencillo y anti-barroco, austero y experimental, semi-narrativo y semi-documental (o quizá todo cine, en tanto que realidad filmada, es un documento de alguna realidad), encuentra en el 80% de los espectadores del mundo, no instruidos en el arte y la industria del cine…

Pero aquí caemos en el elitismo, oigo tronar, así que será normal que ahora prefiramos Monster, más entendible; o El señor de los anillos: esas aventuras que no afean conductas ni cuestionan nuestra mirada. Nos hablan de cosas casi impensables, lejanas, imposibles, épicas o idílicas, pero no nos obligan a volver a nosotros mismos. Mejor estar tranquilos; bastantes problemas hay ya. El trueno sigue al relámpago, camarada.