CLOUZOT Henri-Georges (1907-1977)

Les diaboliques (Las diabólicas) (1955: 7.5)

Les diaboliques es cine francés de misterio y calidad, materializado a partir de una historia atractiva, basado en actores de campeonato (Simone Signoret, Véra Clouzot, Charles Vanel, Michel Serrault...) y que marca una distancia tanto con las prácticas más académicas y teatrales de la honorable tradición francesa como con el cine más leve, consciente, intelectual e insolente que poco después surgiría como un devastador (visto ahora) tsunami.

Les diaboliques pertenece al subgénero del cine sobre mujeres maniatadas y semi-esclavizadas por sus hombres, también a la corriente más convencional y amplia del cine policíaco con tintes  melodramáticos, a la más concreta sobre crímenes casi perfectos y, desde luego, al subgénero del cine con fantasma (o zombi).

Les diaboliques puede emparentarse, haciendo irregulares piruetas asociativas y bastante arbitrarias, con Persona de Bergman y Rebecca de Hitchcock; con Luz que agoniza de Cukor y Los amantes de Malle; con La piel suave de Truffaut, El fantasma y la señora Muir de Mankiewicz, Ocho mujeres de Ozon o El silencio de Bergman; con El carnicero de Chabrol, Repulsión de Polanski, Sospechosos habituales de Singer, Volver de Almodóvar o, por qué no, Cero en conducta de Vigo.

¿Y con Harry Potter y la piedra filosofal, también...? Pues no, todo no vale, no.

Les diaboliques es una acertada apuesta del vigoroso Clouzot, uno de esos directores franceses al que no se le podría tildar ni de niñato ni de señorito, tampoco de esnob, aburrido, pretencioso, caprichoso o paternalista. Los años cincuenta tenían, en tantas ocasiones, esto: ardor y buen hacer, grandes actuaciones e historias enigmáticas, poca pose y mucha sociología entre líneas, un gran conexión con el público y una intuitiva naturalidad en sus enfoques narrativos y dramáticos.

Les diaboliques compone una trama terrible pero ingenua y un final que nos termina por quitar las telarañas de los ojos: somos frágiles y exiguos, tenemos intereses inconfesables y tratamos, muchas veces, de disimular las mayores bajezas y los peores instintos con el fin de conseguir lo que queremos y a quien queremos; la traición y la pasión, las máscaras y los salarios del miedo no son un juego de niños. Son adultos y humanos, tampoco diría yo que diabólicos: pero un título es un título “dans un film de H.-G. Clouzot”.