COMENCINI Luigi (1916-2007)

Pane, amore e fantasia (Pan, amor y fantasía) (1953: 8.5)

PAN:

Mi pan nuestro de cada día, en los últimos años, viene siendo el cine, sobre todo el cine visto en casa gracias a un reproductor de DVD que me costó unos treinta euros.

Un poco por casualidad me he percatado, cuando ya había terminado de ver la lindísima Pan, amor y fantasía, de la cantidad de películas producidas en 1953 que he tenido ocasión de ver en los últimos años, al menos desde que llevo recuento (bastante fiable) de las películas que ingiero, que consumo, en suma (seamos humildes). No quisiera hacer cálculos exactos comparativos, pero dudo mucho que, desde 2001, haya visto un mayor número de películas de cualquier otro año de lo que va de historia del cine. Hago mi recuento y aquí está:

Son de 1953 El Diablo toca la flauta (Forqué), Condenados (Mur Oti), Cañas y barro (Orduña) y Abismos de pasión (Buñuel); Los inútiles (Fellini), Estación Términi (De Sica), Te querré siempre (Rossellini) y Pan, amor y fantasía (Comencini); El retorno de Don Camilo (Duvivier) y Calle de la Estrapada (Becker); Cuentos de Tokio (Ozu), La puerta del infierno (Kinugasa) y Cuentos de la luna pálida (Mizoguchi); son de 1953 Manos peligrosas (Fuller), Gardenia azul (Lang), Vacaciones en Roma (Wyler), El sol siempre brilla en Kentucky (Ford), Cómo casarse con un millonario (Negulesco), Traidor en el infierno (Wilder), Raíces profundas (Stevens), Colorado Jim (A. Mann), La burla del diablo (Huston) y Salvaje (Benedek); también Duelo en el fondo del mar (Webb), Mesa of Lost Women (Ormond & Tevos) y The Cruel Sea (Frend); y, por supuesto, Un verano con Mónica (Bergman). 27 títulos, todos vistos entre la primavera de 2002 y febrero de 2009.

AMOR:

Escribe Don Fernando Fernán Gómez en El tiempo amarillo, en el capítulo llamado “La noche”:

 

Eran los tiempos de la angustia sartriana y a mí, aunque no lo había leído en ninguna parte, la frivolidad me parecía un eficaz remedio para combatir la angustia. Inventé un lema para mi uso exclusivo y que sólo ahora doy a la luz: “Sobre los mares de la angustia camina por la cuerda floja un nombre vestido de colores”. (¿Había visto esta imagen en algún collage?)

 

(¿Acaso el gran Fernán Gómez, donde escribe “nombre”, habría querido poner “hombre”?)

FANTASÍA:

Pan, amor y fantasía es un pedazo de cine italiano neorrealista en su vertiente más amable, popular y rosa, más cercano a la obra de Castellani o al más blando Vittorio de Sica (aquí intérprete principal) que al admirable y gris humanista Rossellini; pero, también, era un cine que salía de la ciudad para reflejar las penurias del campo, como Arroz amargo (De Santis) y como antes había hecho Visconti en La terra trema. La fantasía de las gentes se materializa en el cine.

Y la fantasía de los hombres es una despampanante mujer, y ella existe en todas estas obras italianas, mujeres fuertes, de carácter y de bellas piernas que buscan una salida ventajosa para su normalmente mísera situación. También este cine se relaciona con el (muy famoso en su momento) de la saga de Don Camillo, en el cual era un sacerdote el pratogonista, mientras que en Pan, amor y fantasía es un brigada de policía que llega nuevo a un pueblo, situación casi exacta a la que se da con Fernandel en las películas de Duvivier.

Se trata, en suma, en este primer cine de Comencini, de sumar y no de restar. De recoger una serie de tipos, situaciones y costumbres bien reconocibles por la sociedad italiana de su tiempo (también en el medio rural). De encontrar una trama con gracia, gotas de melodrama y tímido picante (no había permisividad suficiente, claro, para una Laura Antonelli desnuda). Y de obtener un  producto hábil y generoso, divertido y comprensible. Sin cosas raras, sin componentes profundos. Sólido, bien majo pero sobrio, sin exageraciones ni fanfarria excesivas (a partir de los sesenta la mayor ligereza de costumbres columpió este tipo de cine hacia lo grotesco y lo erótico). Un cine muy bien trenzado, con elaboración y mimo, repleto de aciertos en los personajes y en las anécdotas elegidas (esos vecinos del pueblo observando con prismáticos el camino y cotilleando). Las gentes sencillas, y otras muchas algo más complicadas, posiblemente no necesiten que les hablen de lo mal que está el mundo, sino que precisen de ánimos y hasta de milagros para que su situación mejore. No se trata de hacer reír y punto (como proponía, harteramente, el sobrevalorado P. Sturges en Los viajes de Sullivan), sino de tender puentes de solidaridad, generosidad, picardía y entendimiento, con el fin (no sólo de entretener sino) de cohesionar una sociedad en la que (como siempre) había y hay enormes diferencias entre ciudades y pueblos, entre ricos y pobres, entre actividades funcionariales y duras tareas del campo. Lo primero es tener algo para comer y convivir pacíficamente.

(José Luis Cuerda retomó en España un cine de este tipo en los años ochenta, pero dándole un toque más surrealista y de “gag”, sin el mismo poderío narrativo, menos generoso, menos tolerante, menos amoroso y más confiado al chiste nuestro de cada minuto; aunque en El bosque animado se acercó al perfil, al humor y al aroma perfectos)

A mí este cine me alegra el día y creo que es consecuencia de una pócima mágica que, hasta cierto punto, se ha perdido, esa pócima que tenía Chaplin o en España tantas veces Fernán Gómez o el Berlanga de Calabuch: pócima que fomentaba la espontánea construcción de obras cinematográficas amplias de miras, simpáticas y nunca insultantes, realistas pero no depresivas, agridulces pero no plenamente amargas. La comedia y el drama se necesitan, como el hombre y la mujer, como el cura y el alcalde, como la piadosa y la ligera de cascos, como el policía y la comadrona; como el asno de la espléndida Gina Lollobrigida necesitaba que, mientras ella pasaba una noche en el calabozo (admirablemente cantando), alguien le diera de beber y de comer (único recurso económico); algo que hace el gran Vittorio de Sica, jefe de los Carabinieri, que sabe que teniendo pan, amor y fantasía todo lo demás es secundario.