ADAMSON Andrew (1966-_) / JENSON Vicky (?)

Shrek (Shrek) (2001: 5.0)

“La poco bella y la bestia” (28-1-2002)

 1) La película de animación Shrek es portadora de indudables méritos técnicos, artísticos e informáticos. El ochenta por ciento de los que ven Aladdin y El Rey León disfrutan también con su no del todo reverso paródico, Shrek. Lo cual no hace sino confirmar la más que supuesta inutilidad de las relecturas sólo gamberrillas. Shrek no está mal, es un film corto, lo cual es positivo, hace uso de encuadres dignos de películas, los personajes tienen su gracia. Se juega a combatir ciertos tópicos de las fantasías infantil y juvenil desde la caricatura y el esbozo hiperrealista y escatológico, aunque tomando la coartada del enamoramiento desequilibrado de La bella y la bestia.

No seré yo quien le reste dignidad a una propuesta creativa: visualmente hablando. Los diálogos tratan de hacer reír recurriendo a la síntesis de elementos reconocibles por chavales y menos chavales; el doblaje toma prestadas voces de humoristas de la casa para dotar al tinglado de más credibilidad para la risa. Pero, como en South Park, uno se queda con la sensación de “fallo”. Porque las subversiones tan apegadas y con tan enormes fijaciones en los modelos que intentan combatir no hacen sino acrecentar nuestra admiración por los modelos. Es curioso observar a los que se ríen a mandíbula batiente con Shrek (o, aún peor, con South Park). Tienden a ser a) personas que ven los productos Disney y que, no sé si disfrutarán o no (no creo que sufran, tampoco), pero está claro que no se pierden uno, aunque luego hagan risas a su costa; b) personas que no ven los productos Disney, de manera que no saben de qué se están riendo en la parodia con la que dicen “troncharse”. Se trata de risas más enlatadas que risueñas, más de cartel que avisa a los espectadores que deben reírse en un show en directo. La mayoría de las gracias de Shrek son demasiado obvias, y por tanto huecas. Es tópico referirse a este humor como inteligente, y de tanto hacerlo comienzo a sospechar. Yo me reí tres veces, creo recordar, y eso que traté de olvidarme de todo y embarcarme en una aventura nueva para mí (no suelo ver cosas de animación: soy poco animado).

Y una última cuestión: creo detectar cierto arrogante infantilismo en el hecho de que adultos presuman de ver estos dibujos, o más bien productos diseñados por ordenador, y que le deben más a Matrix que a Perrault, a la publicidad que a la Cenicienta. No se trata de purismos, pero el gran avance del cine como arte fue acercarse a la realidad “desde la realidad”, con seres de carne huesos encarnándose a sí mismos o a otros seres de carne y hueso. Estos productos de animación, pese a sus obvios méritos, sólo imitan (parodian) otros previos productos de animación, que a su vez pretendían imitar los cuentos, las historias literarias infantiles, juveniles. Demasiadas distancias, demasiadas articulaciones como para que ninguna esté dañada.

Por otro lado, me quedo con la “ideología” para mi gusto más honesta y menos conformista de La bella y la bestia (aunque esto puede discutirse), pues en Shrek el ogro se enamora de la bella, y al final la bella se convierte a su vez en ogra: bingo, o como dice el dicho: el ideal de un mono es una mona. Pocas veces se ha visto en pantalla un mayor insulto a la libertad, un canto a la pasión por decreto, un desprecio al margen de acción, a la heterogeneidad, a la “posibilidad”, a la imaginación, ni mayor estulticia diocesana que esto de “los feos con los feas”, “las feas con las feos”; y, lo que es peor: irremediablemente y como final feliz. Miedo me da.