SAURA Carlos (1932-_)

Pajarico (Pajarico) (1998: 2.0)

“La mitad de la mitad de la mitad”

 Admitamos la realidad: he visto no más de cuarenta o cincuenta minutos de esta película, en este domingo de octubre, 14, de bombardeos sobre un país muy pobre y de liga de futbolistas ricos. Pero no he podido resistir. En fin, sé que exagero; por supuesto que si hubiese estado en una sala de cine me habría quedado hasta el final. Vale. Pero es que tengo mi vídeo y es cosa mía elegir cuándo dejo o no de ver una película. Ésta, lo tengo que decir, me estaba pareciendo horrible.

Conozco poco de la obra de Carlos Saura. Por ejemplo: la tremenda, mítica y espeluznante La caza, y la simbolista y resultona Ana y los lobos (no digo que La caza no tenga su simbolismo, pero a mí no me tira demasiado; lo que es increíble es la atmósfera cerrada de odios y tribulaciones, el chico corriendo al final, el repaso por el cuerpo del fascista; la caza en sí). No me he interesado demasiado por sus películas, y tampoco he tenido oportunidad, que recuerde, de ver muchas. Miento: sí he podido ir al cine a ver sus últimas obras (entre ellas, ésta), pero no me ha apetecido, había otros filmes que ver, otros lazos que crear.

No voy a decir mucho: Manuel Bandera recita a Antonio Gala; hay otro tipo, que toca el chelo (creo), que recita qué sé yo a quién; hay unos niños que posan y declaman diálogos profundos y también tenemos una inevitable iniciación infantil amorosa; hay mucho paisaje de Murcia (será un homenaje, claro) y murcianos que quieren (o querrá Saura) ser estrafalarios, pero que son ridículos y agobiantes. Hay mucho color, mucho verde, mosquitos y flores, pero... y qué, para qué. Saura quiere ser intimista, y eso es de locos, pues o se es, o no se es. Me parece una película con intenciones, lo que es un desastre. En fin (un 2, no más), que no quiero extenderme tras sólo la mitad de la película, o incluso menos. Quizá esté siendo injusto, o quizá esté siendo generoso. Puede que en unos años intente de nuevo la experiencia sauriana de ver este Pajarico tristón y supuestamente vital. Esto es arte por el arte. Pero sin el arte. Lo que suele pasar cuando un individuo guarda demasiada distancia con uno mismo.