MUR OTI Manuel (1909-2003)

Loca juventud (Loca juventud) (1963: 3.0)

“Cualquiera sabe por qué”

 El mismo día en que me recorro en un instante la espléndida Red River de Hawks y me sirve como disculpa para la tonta Lou, codirigida por Aznar y Del Castillo, se me ocurren tres cositas sobre Loca juventud, un film protagonizado por aquella estrella infantil y adolescente que dio por llamarse Joselito. De 1963, ésta obra se trata, según todos los presagios, de una película impropia del director que realizó la apabullante Cielo negro (en 1951, mismo año en que Nieves Conde hizo Surcos y en que Berlanga preparaba Bienvenido Mister Marshall: no está mal, ¿no?). Cielo negro me dejó atónito cuando la vi hace ya, creo, cuatro años, y se me quedó en la memoria como una de mis películas españolas favoritas. Por eso, cuando tras esa demostración de fuerza, sapiencia y explotación genial del melodrama español, me encuentro con esta dudosa Loca juventud, la decepción es importante. Aunque supongo que casi todos los buenos directores han hecho obras por debajo de sus posibilidades.

Vista con unos amigos, en un salón, mientras picábamos patatas fritas distraídamente y bebíamos unas cervezas, un film como Loca juventud (¿un 3?), y no es que quiera que sirva de atenuante, es un film que estimula para la juerga más descarnada y cruel: es fácil burlarse de esta película. Pero es que es tan ingenua la “ideología” que lo circunda, tan básica su historieta de buenines y malones, es tan ridícula su representación de una juventud que más que loca parece simple, que uno no puede sino huir despavorido o, como hicimos nosotros, tomarse las cosas con malicia y gran rechifla (aunque ahora me duela, “pues yo no soy de esos” que se unen a los coros resultones que hacen gracia de, sobre todo, filmes “antiguos”, en los que cuestiones de “entonces” puedan verse más o menos superadas; me carcajeé un día, por hacer reír a unos compañeros, de Mary Poppins, y jamás me he perdonado a mí mismo por tal afrenta: ¡si yo adoro Mary Poppins, la adoro!).

Supongo que no estará entre los filmes favoritos de Mur Oti, que fue un encargo alimenticio con la estrella cantora de turno, qué sé yo. Lo cierto es que pese a la pulcritud insípida de la puesta en escena, poco se puede decir ante una obra así, tan deudora de clichés tontorrones y penosos. Me pregunto por qué no pasarán por la televisión sus grandes obras (pues debe tenerlas, además de Cielo negro). Pero no está el horno para bollos ni son buenos tiempos para la lírica. Ni para la épica ni el ensayo ni la ironía, afirmo.