SITCH Rob (1962-_)

The Dish (La luna en directo) (2000: 2.0)

“Ni directo, ni diferido: ¿tontuna australiana?”

 …fallo calamitoso de unos australianos bienintencionados que han hecho un film desangelado como pocos. The Dish, del año 2000, visto en formato DVD gana enteros en cuanto a nitidez de la imagen y del sonido, pero eso es lo de menos. Lo de más es que Sam Neill y un conjunto de actores australianos que ponen cara de buenos hacen esta película cohibida, superficial y seudo-folclórica, en la que tras hora y media de duración nos quedamos igual que estábamos. ¿O no? Bueno, o más bien, ganamos en ciertos detalles: sabemos que los australianos tuvieron algo que ver con el éxito del primer alunizaje humano, el de Neil Armstrong y sus amigos norteamericanos en 1969. Un equipo australiano, además del “team” americano, controló el viaje lunar con ayuda de un inmenso radar, que sale demasiado en la película, como queriendo justificar la inversión o el hallazgo.

La película es de una corrección epidérmica insostenible. Se ve entre bostezos e idas al lavabo. Es lo mismo ver The Dish que ver un telefilm de sobremesa, uno cualquiera. Los actores son irrelevantes, se quiere introducir un poco de folclore australiano, por aquello de la identidad cultural (¿lo llamarán a esto “cultura diferencial”?). Pero el tiro sale por la culata porque la factura es de producto americano hecho para todos los públicos, con pocas ganas y hasta apatía. Con un punto de cine “espectáculo” al que, justo, le falta el espectáculo. Es, más que nada, un film innecesario, una obra en la que este adjetivo se torna irreversible, apropiadísimo.

La película es gélida, de un humor soso casi insufrible. Pero no, exagero: no hay nada de insufrible en esta película, y eso también es malo. Toda ella se sufre como buenamente se puede, pero es tan intrascendente y “light” que lo mismo uno podría habar pasado esa hora y media acurrucado sobre una almohada rosa o comiendo caramelitos de fresa. No sé si me explico, pero un 2; señor Sitch, a ver si afina su puntería y se dedica a contarnos algo, y métase un poco en harina, hombre. Quizá así le salga un producto australiano decente. Porque si es La luna en directo, como comenta un tipo en la International Movie Data Base, “Aussie humour at its finest”, estamos arreglados. Pero no me creo tal cosa, soy optimista.

Paul Auster afirma en una entrevista en El Mundo que, por culpa del cine, “los europeos consideran que EEUU es un país de estúpidos”. Tal es la habitual simpleza en estas lides, en este país. Tras ver La luna en directo, siguiendo con esta argumentación escuálida, ¿qué habría que opinar de los australianos?