BALABANOV Aleksei (1959-2013)

Voyna (War) (2002: 9.0)

War ha sido mi más feliz descubrimiento en el 47 FICXixón, el festival de cine de Gijón celebrado en esa ciudad durante noviembre de 2009.

De insólita potencia narrativa, realismo físico sin efectismos (“ficisidad”) y radiografía espectacular de la guerra entre Rusia y Chechenia en el siglo XXI, War es cine bélico que no deja títeres con cabeza y, aunque a la postre sean los rusos los mejor parados, la capacidad precisa y gélida para matar del joven y atractivo protagonista ruso pone la carne de gallina: así que los rusos son peligrosos y no enteramente fiables, conste. Aunque sí más fiables y sufrientes que los otros, todos “los otros”.

Me reí mucho el otro día, hojeando el semanario católico Alfa y Omega (incluido en el diario ABC, a principios de noviembre de 2009), al leer cómo el crítico J. Orellana ponía a caldo la última película de Costa Gavras (Edén al Oeste), bajo el desternillante título de: “El arte, al servicio de la ideología”. La sospecha, leyendo el comentario completo, me asaltó: lo que Orellana quiere decirnos es que no le gusta la ideología del arte de Costa Gavras. Pero otras ideologías le gustan más. Como si ¡Todos a una!, La historia más grande jamás contada, Independence Day o Una rubia muy legal no fueran pura ideología.

Sin embargo, el citado título del semanario nos sirve para no olvidar que, mira tú por dónde, en War se traslucen dosis de ideología pro-rusa (pero no necesariamente pro-Putin) nada desdeñables. Parecen los más valientes y nobles, en realidad, y los que, arriesgándose más, obtienen menos recompensa, frente a las artimañas salvajes de los chechenos, el interés egoísta del protagonista inglés (Ian Kelly) y el papel de los gobiernos extranjeros.

En todo caso, en Balabanov confluyen, en insaciable tensión, la necesidad de narrar con claridad y rigor (sin titubeos) con una maestría a la hora de enchufar esa narración a un ritmo musical que imanta (sin atontar) desde el minuto uno. Las dos horas se pasan en un santiamén: disfruto como un, con perdón, enano. O como un hobbit hollywoodiense, si se prefiere.

El problema es que, precisamente por problemas de ideología (el Mercado y su Monopolio: control de exhibidores y distribuidores de la cartelera y, por ende, formación del gusto o, más bien, del hábito de los espectadores de aquí según coordenadas de Hollywood), películas comerciales y admirables como la rusa Voyna no se estrenan en nuestras salas comerciales. Para mí no hay dudas de que War es, por ejemplo, mejor que Malditos bastardos o Salvar al soldado Ryan o Black Hawk derribado o Red de mentiras o Babel, por citar películas de temática más o menos bélica que se me ocurren. A su lado, la de Tarantino es obvia y pretenciosa simbología que carece de sustancia y musculatura; Salvar al soldado Ryan, otra ingeniosa tentativa seudo-humanista del insaciable Spielberg; Black Hawk Down o Red de mentiras, pusilánimes filmes de acción sin freno (y mucha ideología) y Babel una talentosa pero pedante ilustración de la globalización en pantalla. Y, volviendo a la cuestión previa, la verdad, si uno ha de elegir entre propaganda norteamericana o rusa… Y ese es el problema: que no se nos da a elegir.

War es mucho más que una respuesta rusa al patriotismo bélico y moral norteamericano. El sarcasmo y la mordiente de las situaciones, la veraz crudeza (poco heroica) de la exposición de vicisitudes (asaltos, planes, rescates…) y el periplo (casi paródico) del protagonista británico (que quiere recaudar fondos para pagar el rescate de su novia, encerrada en un inmundo agujero checheno), componen una explosiva, original y rítmica muestra de cine expeditivo, narrado admirablemente y siempre creativo. Un cine alerta y pesimista (burocracia y corrupción; intereses económicos; barbarie; hipocresía; imperialismo; etc.) que acaso sólo flojee en un par de secuencias de acción en las que el protagonista ruso (Aleksey Chadov) es en exceso competente con las armas de fuego. Un Rambo sin resentimientos que, con humor, ni se engaña a sí mismo ni al espectador: una guerra es matar antes de que te maten.

Balabanov compone un film bélico donde se resalta el caos, el sinsentido, la crueldad y la chapuza de las guerras de mayor o menor intensidad: nada de grandes propósitos o de malos y buenos concluyentes. Cada uno defiende lo suyo. Nada de causas justas. Balabanov nos construye, en Voyna, el fango de los “justos”, la brutalidad chechena (y rusa) y el doble rasero con que se juzga a los valientes, como el protagonista ruso en su misión casi imposible: sólo él se verá salpicado, finalmente, por la sangre de los súbditos de la Historia, mientras a cambio gana algún dinero y, por el camino, han muerto asesinados muchos hombres mientras los gobiernos miraban para otro lado. Sin embargo, el británico liberador y la británica rehén (ya no enamorados) han quedado a salvo, lejos por fin de la brutalidad del Este. Final feliz y sarcástico tras presenciar una poderosa muestra audiovisual sobre el salvaje Este, ese desconocido.