RISI Dino (1916-2008)

Il sorpasso (La escapada) (1962: 8.5)

El anciano escritor José Luis Sampedro reivindica, en la revista Paisajes desde el tren (noviembre de 2009), la libertad acompañada de responsabilidad: “la libertad es como una cometa que vuela gracias a que está atada, y esa cuerda que la sujeta y que le permite volar es la responsabilidad” (entrevista de A. Hernández).

Pero el automóvil siempre ha supuesto una libertad condicionada. Por un lado: independencia, libertad y rápido movimiento. Por otro: egoísmo, irresponsabilidad, tontería.

Sin el coche, no existiría esta maravillosa película llamada Il sorpasso (La escapada, en español). Tampoco, por cierto, otras como Fresas salvajes, Viaggio in Italia, Easy Rider, El diablo sobre ruedas, Entre copas… Las “road movies” y aquellas otras en las que, como ha dicho alguna vez Miguel Marías, lo interesante sucede durante las paradas, cuando el viaje se detiene.

Para el personaje de Vittorio Gassman el esparcimiento existe dentro y fuera del auto. Respirar es vivir y así vencer. Acelerar es vivir más rápido, de la manera más emocionante posible. Apurar cada instante. No estarse quieto. Un hedonismo acelerado, ansioso. Eran los años sesenta y la cuestión de la libertad responsable estaba a la orden del día: quizás no sea casualidad que de 1962 son también películas como Matar a un ruiseñor, El hombre que mató a Liberty Valance, La soledad del corredor de fondo, El eclipse o Lolita.

Easy Rider a la italiana. El diablo sobre ruedas: todo coche en la carretera es potencialmente una fábrica de cabreados, tullidos y muertos (Godard y Weekend). Entre copas y cigarros: el joven y el inexperto (Jean-Louis Trintignant). Correrse una juerga. O quizá es que para aquel Gassman la vida era una farra sin freno.

Gassman: irresistible. Para las mujeres y para su colega Trintignant, para el espectador también. Su personaje es un imbécil, un maleducado irresponsable, apolítico, descerebrado. Vividor, hasta donde puede, y casi cínico. Pero simpatiquísimo y hasta conmovedor: ya digo, irresistible.

Como la película entera, de Dino Risi, eclipsado en su tiempo por directores italianos de más renombre.

Quizá por eso hoy parezca que Risi y Gassman se ríen de El eclipse de Antonioni. O que se mofan, sin conocerla, de Teorema de Pasolini. De Visconti y su aristócrata decadencia. De Viaggio in Italia, su seriedad y su arte. Hasta del neorrealismo, tan sucio y sin fiestas. Incluso de La dolce vita, menos cercana al pueblo llano.

Sin telarañas pero con italianas guapísimas, con un ritmo endiablado y pegadiza música sesentera, Il sorpasso es también un retrato sociológico y, quién se lo habría dicho a “sin pretensiones” Risi, una obra de enorme potencia metafórica. Pero, sobre todo, hace reír, pasar el rato y pensar (mal y bien). Provoca sonrisas y llega a conmover con ligereza.

Éste es sin duda un modelo de cine recomendable y posible pero acaso en peligro de extinción. Un cine popular que no era populista. Un cine que no iba de artístico pero que conseguía serlo con autenticidad, funcionalidad y gracia. Un cine que es como una cometa que sigue volando en el siglo XXI, atada a mi teclado. Por ejemplo.