DOTTA Pablo (1960-_)

El dirigible (El dirigible) (1994: 4.0)

Leo en la sección de Extras de El dirigible, bajo la pestaña “Presentación en Cannes 1994”, las siguientes frases sobre esta película uruguaya, dirigible, quiero decir dirigida, por Pablo Dotta. ¿No sería una magnífica idea, a la par que subversiva, titular una nueva revista de cine Dirigible por? Sólo es una propuesta. Una bromita.

Ah, sí, las frases que entresaco del poético texto de José María Riba:

 

-Le duele al enamorado la herida de las batallas perdidas.

-Tiene la amada la piel en llamas cuando yergue la espalda de espigas en caliente mármol aradas.

-Hay como una pradería de recentales en la hogaza caliente de sus pechos, en sus ojos de añil crepuscular, en su cegado ajuar de mariposas, en las aguas oscuras del olivo, como el gánguil en la cosecha del aire despeinado, mientras empalidece la luz desvencijada y el pájaro de nieve planea para sembrar la claridad.

-El cineasta bebe en la copa dorada los cálices del aire, cabalga sobre los cuatro corceles de azul, se estremece ante las ojivas caídas de la noche, ante la pálida rosa del vivir.

-La boca destrenzada de ella ofrece un país de pétalos de arcilla, la ciudad de Octavio Paz, piedra de sol y párpados quemados, cuando los pechos de la enamorada son dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos.

 

Palabras, qué duda cabe, poéticamente halagadoras del señor Riba. Continúo yo:

-Godard, moda primavera-verano de 1994 con retales uruguayos del diseñador Pablo Dotta, que dota a su película de encuadres llamativos, distorsiones chulas, visiones amaneradas y pedantería verbal en torno al universal tema del ruido y las nueces.

-Nadería total, el “sin pies ni cabeza” elevado a categoría de estrategia fílmica, de modelo a seguir, malentendido interesado desde Al final de la escapada. Va de obra enterada y moderna, El dirigible, de profunda y oscura, incluso. “Párpados quemados”, en las palabras de más arriba de su vocero Riba.

-La primera mitad de los noventa fue godardiana, no por Godard sino por sus discípulos o, para no reducir la letra Comic Sans MS a tamaño de caricatura, escribamos mejor que tendían a ser gentes que habían respirado fragancias de Godard, que habían creído percibir un “algo” etéreo en el cine de JLG, que habían captado una manera fresca pero intelectual, desbocada e imprevisible de aproximación al cine, esa “pálida rosa del vivir”, en inmejorables palabras de Riba. Años de Godard: Woo, Von Trier, Kitano, Crowe, Carax, Jarmusch, Kassovitz, De la Iglesia, Kar-Wai (acaso dos de esta lista sí pudieran considerarse discípulos veraces de Godard…).

-Dotta, el hombre, no entendió ni asimiló nada relevante o convincente de su modelo y, por esta razón y, según investigo ahora en su currículum, se ha dedicado en los últimos tres lustros a rodar anuncios publicitarios para Coca Cola y en ese plan.

-Puro humo, humo sin fuego. Pura pose, pose sin sustancia. Pretensiones literarias sin texto (pobre Onetti, a quien meten sin venir a cuento en esta sucesión de ocurrencias a veces originales). Frivolidad de porro: eso me decía mi amigo Luismi, con quien veía El dirigible; “qué pena que no tengamos a mano un porro, porque la película ganaría lo suyo”.

-Las citas de más arriba no son de José María Riba sino de Luis María Anson a propósito de Pere Gimferrer (El Cultural, octubre de 2008: me tomé la licencia de sustituir un “el poeta” por “el cineasta” para perseguir mis caprichosas y malévolas intenciones).

-Los que tecleo a continuación sí son algunos comentarios del señor Riba en la presentación del film en el (generosísimo) Festival de Cannes de 1994:

 

-Un viaje iniciático que coquetea con la investigación policial como recurso simultáneo.

-Pablo Dotta (se) pregunta sobre la identidad de su país, pequeño, abierto sobre el océano, con el pasado diezmado por exilios forzados o voluntarios, cercado por la presencia de sus vecinos con vocación de fago citación [cita textual] cultural.

-El dirigible no es solamente un film: nace y se desarrolla con la vocación de una obra cinematográfica. Toma su tiempo para avanzar, divagar, planear. Las ganas de acompañarlo tal vez vengan justamente del perfume de fragilidad que desprende.

 

“Whatever you say, mate!”, como replicaría cualquier irlandés sarcástico.

Fin de la broma.