ALLEN Woody (1935-_)

Whatever Works (Si la cosa funciona) (2009: 9.0)

1-Tras el sarampión impresentable de Vicky Cristina Barcelona (la única película de su larga carrera que me parece mala), no es sólo que Woody Allen haya vuelto por donde solía, sino que ha retornado a lo grande: sarcástico, amoroso y dulce, liberal y pragmático, existencialista, vital y socialmente muy incorrecto.

2-Así, el personaje que interpreta Larry David (que podría haber sido el propio Allen), se sitúa a priori en una muy recomendable posición de “defensa de la intolerancia”, en palabras de S. Žižek (En defensa de la intolerancia, trad. al español de J. Eraso y A. J. Antón). Y, en este sentido, en una atractivo no-lugar entre los fundamentalistas (de respuestas identitarias, amenazantes, violentas), por un lado, y los multiculturalistas (irresponsablemente tolerantes con todos los grupos y subgrupos identitarios), por otro. De esta manera, nos encanta el personaje gruñón, malhablado e intolerante (aunque pragmático) de Larry David, una brisa fresca e impura para finalizar el primer decenio del siglo XXI.

3-Sin embargo, en la revista Cahiers du cinéma España han ninguneado la película de Woody Allen. Para ninguno de sus críticos se trata de un película ni tan siquiera notable. Me quedo algo boquiabierto (ah, mis limitaciones). No obstante, Gran Torino fue recibida por la mayoría (por mí también) como una obra maestra. No entiendo: los paralelismos entre el anciano Eastwood y el viejo Allen son indiscutibles: esa identidad masculina machacada, resentida, casi inabordable; ¿cómo no ver puntos de encuentro entre Whatever Works o Scoop y Gran Torino o Million Dollar Baby? Sentido clásico: más burlón y ligero en Allen (David hablando a la cámara, dirigiéndose a los espectadores) y más agresivo y sacrificado en Eastwood (su último gesto de inmolación), pero, en cualquier caso, dos identidades individuales (aun metafóricas) de gran calado libérrimo y distinción. Decadentes, fuera de modas y tendencias, acaso en sus “últimas piernas” (como se dice en inglés), escocidos con el mundo, amargados con los vecinos, creyentes sólo en sus propios sufrimientos, zozobras y razones (y egoístas). Dios no existe o está sordo y ciego. Tipos intolerantes, en suma.

4-Véase, Si la cosa funciona, como una versión otoñal y amable, pero sarcástica de Lolita. Mírese, Whatever Works, como un “remake” simpático, nada tórrido, de El último tango en París. Disfrútese, también, como una reescritura de aquellas películas de Capra, La Cava o McCarey de los años treinta (y vía Capra, pensemos en filmes de los Coen de los noventa), en las que (como en Sucedió una noche) el amor entre dos personajes se da en clave de comedia romántica y divertida; y sociológica. Aún más: hay momentos caprianos en el último Allen; la joven Melody (Evan Rachel Wood) es una andrajosa a la que rescata Boris (L. David) de la calle y la noche fría; la manera azarosa como David conoce a la que será su última pareja en la película (mediante un suicidio que al final no sale: algo que no intentó Juan Nadie). Y examínese, por qué no, Si la cosa funciona, como una variante tan gamberra pero más paródica (nuestra protagonista termina paseando perros) en el subgénero, también de los treinta, en el cual una chica de pueblo llegaba a la gran ciudad con el fin de convertirse en estrella, etc. (La reina de Nueva York de Wellman y otras).

5-Claro que, si seguimos a Žižek, en su crítica por la falta de ideología y de “arte de lo imposible” (la verdadera política) en el siglo XXI, también podría echársele en cara a Allen (y a Larry David) su divisa más puramente práctica del asunto: eso de que lo único importante en la vida es que “la cosa funcione”. También es cierto que no le podemos a pedir a Allen que sea Godard, Rocha, Pasolini o Guédiguian, o que se le ocurran películas como Los espigadores y la espigadora, En construcción, La clase, Gomorra, War o La cuestión humana. Pero, en todo caso, calibremos lo que escribe Žižek en su significado más puramente “político” (mis “negritas”):

 

En este sentido, los promotores del New Labour suelen subrayar la pertinencia de prescindir de los prejuicios y aplicar las buenas ideas, vengan de donde vengan (ideológicamente). Pero, ¿cuáles son esas “buenas ideas”? La respuesta es obvia: las que funcionan. Estamos ante el foso que separa el verdadero acto político de la “gestión de las cuestiones sociales dentro del marco de las actuales relaciones socio-políticas”: el verdadero acto político (la intervención) no es simplemente cualquier cosa que funcione en el contexto de las relaciones existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el funcionamiento de las cosas.

 

6-Whatever Works, para los allenianos del mundo (en España somos muchos), supone un esperado reencuentro. Siempre se le espera, a Woody Allen: aquí se vuelve a mostrar majestuoso en su sencillo narrar y cínico en diálogos y monólogos de Larry David. Caricaturesco en una trama inviable (todo rasgo personal se exagera) y en función de unas situaciones casi inverosímiles: la rápida evolución “cool” de la madre de la protagonista, el descubrimiento repentino del papá a propósito de su sexualidad o ese azar que no le permite suicidarse al protagonista.

Es igual: es un Allen quizá poco sutil pero que a mí me ha emocionado, me ha descolocado, desarmado: me reí hasta que se me saltaron las lágrimas, y hacía mucho tiempo (decenas de películas) que esto no me pasaba. No atiendo, pues, y con perdón, a “razones”. Si una película es capaz de conmocionarme y carcajearme, para mí se trata de una grandísima obra. Sólo si el film me deja frío o si miro el reloj cada cinco minutos, me tomo molestia en pensar por qué la película es como es: no soy un verdadero crítico de cine, admitámoslo.

7-Un reencuentro anual con alguien que, como dice el protagonista Hans en la novela del mismo nombre (Reencuentro, del alemán Fred Uhlman, trad. al español por E. Goligorsky), estaría en las antípodas de “los nazis, los comunistas y otras gentes desagradables”. Lo contrario del fundamentalista, no estaría dispuesto nuestro amigo Allen a enterrar a un individuo y sus anhelos para alimentar una Causa colectiva, en ningún caso. Opuesto, también, a los blandos tolerantes y sus miles de "causitas".

Claro que habría que verificar si, como vimos arriba con Žižek, ese “whatever works” no supone de alguna forma una rendición o un devenir en exceso pragmático y, así, en última instancia un gesto apolítico o incluso, y a su manera, tolerante… Pero, ya decimos: Allen no es un revolucionario ni se espera que lo sea: hay dogmas de fe (del capitalismo global, por ejemplo) que ni siquiera la mala baba de Larry David (o sea, Allen) pondría en duda. Dicho lo cual, me quedo con su mala baba, su antipatía y su cojera, y ese mirar suyo al espectador, a la cara: no nos escurramos. La intolerancia práctica e intelectual de David y Allen me puso de muy buen humor.