DAVES Delmer (1904-1977)

Broken Arrow (Flecha rota) (1950: 8.0)

Introducción: ¿Es 1950 el mejor año en la historia del cine? Lo digo porque, repasando someramente el año cinematográfico en que Delmer Daves dirigiera la estupenda Broken Arrow, doy con títulos como estos cuatro: En un lugar solitario, Rashomon, Los olvidados y Stromboli. Palabras muy mayores. Difícil ofrecer más en menos tiempo.

Nudo: Es Flecha rota un western colorista y romántico en el que los indios no son el Mal. Tengo reciente la magnífica El jardín del diablo (1954, Hathaway), en la que, no obstante, los llamados más adelante “nativos americanos” eran una masa uniforme de seres despiadados, máquinas de asesinar. Sin embargo, no es verdad eso de que hubo que esperar hasta mediados de los sesenta para ver westerns en los que el hombre blanco y el piel roja fuesen (más o menos) configurados como seres humanos con ambiciones y emociones similares. En 1950, por ejemplo, tanto en La puerta del diablo (Anthony Mann) como en Flecha rota (Delmer Daves) es evidente que los indios son gente con sentimientos y capacidades que necesitan, también, una tierra para vivir y un hombro sobre el que llorar. Y sus madres también lloran cuando los hijos están lejos: así aprende James Stewart que, a lo mejor, los apaches no son tan distintos de “nosotros”.

En La puerta del diablo, además, Robert Taylor hace de indio, de quien se enamora una blanca, Paula Raymond. Mientras, en Flecha rota es Debra Paget la que interpreta a una apache, y es el blanco James Stewart quien se enamorará de ella. Así pues, asistimos a ceremonias cinematográficas de mestizaje y colores grises: en Broken Arroz, Delmer Daves nos deja bien claro que si había alguien que aspiraba a vivir en paz en el estado de Arizona eran los indios; por el contrario, los tradicionalmente buenos (“nuestros” blancos) eran quienes tenían más tendencia a romper los tratados y comportarse como brutos, resentidos e ignorantes.

Delmer Daves combina elementos siniestros (propios de su iconografía: ver El árbol del ahorcado o La casa roja) con sentimental romanticismo. Ese amor puro y a primera vista; esa muerte despiadada que desafiará el saber estar y la sensatez del mismísimo James Stewart. Flecha rota es bonita y sin demasiados matices. James Stewart, como siempre, es un tipo duro y descastado que no duda en ponerse del lado de la justicia y de los buenos: arriesgando incluso su reputación. Su amistad con “el otro” le acarrea problemas, desconfianzas y alguna refriega, pero Stewart buscará el entendimiento entre americanos y apaches a través del diálogo y la firma de tratados. Mientras, algunos de sus conciudadanos se afanan en luchar con rencor e ignorancia, buscando aplastar a los que no son de los suyos. A los salvajes, los no-humanos, ese Mal encarnado en pieles, cabelleras y huesos.

Desenlace: Digno Delmer Daves, tomando partido por el punto medio, la colaboración y la dignificación de los pobres indios en esta película del Oeste variada (alternancia de planos generales, esbeltos paisajes, vibrantes escenas de acción y primerísimos planos de Paget, Stewart y el jefe apache Cochise, Jeff Chandler) y bien narrada. Que trata sobre el triunfo del amor sobre las diferencias, la solidaridad y la ética profesional, la amistad interracial y el coraje: arriesgar para conseguir algo (o perderlo todo). El héroe no es el que vence a los malvados sino el que demuestra con palabras y hechos que el Mal (como ha escrito Ferlosio) es poco más que un comodín ideológico. Así era incluso en 1870 y en aquella Arizona, baby.