ROUCH Jean (1917-2004)

Moi, un noir (Yo, un negro) (1958: 7.5)

EL DINERO

Es el tema de Yo, un negro, documento cinematográfico sobre unos negros en Costa de Marfil, finales de los años cincuenta. No, como en Neville, “la ironía” del dinero, sino su ausencia o escasez. Todo gira en torno al dinero: el amor, la felicidad, el futuro.

Lo primero es comer, como ha señalado Hans Magnus Enzensberger (entrevista de J. Cruz en El País, enero de 2010): “Una persona con hambre tiene objetivos más elementales”. Y lo segundo, saciado el hambre, es el amor, la felicidad, el futuro. Incluso ambiciones de apariencia burguesa y exhibicionismo: las chicas más guapas, la comida suculenta, las lanchas a motor o el coche más rápido y lujoso se consiguen con dinero. Más dinero. No tenerlo es injusto: ¿por qué unos sí (siendo menos valientes) y otros no? Eso se pregunta uno de los negros. ¿Para qué venimos a este mundo? Algo esencial, capturado con naturalidad chispeante e insólita por Rouch: la injusticia, sin más. Mostrar la injusticia, las diferencias, sin redoble de campanas.

Con motivo del fallecimiento del historiador norteamericano socialista Howard Zinn, he leído esta frase suya: “Compartamos cosas. Tengamos un sistema económico que no produce cosas sólo porque así gana dinero una empresa, sino porque la gente necesita ciertas cosas” (obituario de B. Celis en El País, enero de 2010). Nada más sencillo: algo que no logran articular los tipos que vemos en la película, pero que, a mi parecer, está detrás. Y delante: ¿por qué “esto” es así?

La antropología se da la mano con la sociología (económica). Como debe ser: hoy, atosigados por un exacerbado psicologismo, esa ya más que sospechosa (por insistente) “complejidad psicológica” de los personajes occidentales, ajena al dinero. Fomentada (aunque no sólo) por las infinitas series televisivas norteamericanas, donde los negros siguen haciendo de sí mismos.

LOS ORÍGENES

El origen es la captación de la velocidad y desenvoltura en los movimientos de los personajes: que son personas reales, aunque sus apodos provengan de Hollywood y el cine negro. El origen está en Chaplin, Buster Keaton. También en Flaherty: las personas en su duro entorno buscándose la vida. “Ganarse la vida”, vaya expresión. A mí me sigue sorprendiendo y asustando cada vez que la oigo o digo. Incluso Tati, contemporáneo de Rouch: los Hulots de Rouch están más integrados pero no dejan de pasear despistados, de fascinarse ante hechos, acciones, personas, que no logran identificar, entender. Están solos y están tristes. Hulot era más bien apático, un ingenuo indiferente. Matices. Los orígenes, pues, son fotográficos y puros y veloces. Algún Renoir. No están en Griffith o en Mélies. Aquí el paradigma sería, incluso, Jean Vigo.

LO MODERNO

Moi, un noir es irreductible cine moderno (otra cosa es que yo no sepa apreciarlo como se merece: qué le voy a hacer). Incubando la Nueva Ola francesa, sin duda, como señala Fran Benavente en el librito que acompaña al estuche “Jean Rouch”: Al final de la escapada y Yo, un negro, personas deambulando por las calles, no tanto escapando como buscando algo (dinero, y luego amor, etc.), con cierto sentido que hoy resulta paródico. Francia o África vistas con cámara vibrante; esos personajes frescos; capturarlos en su esencia no trascendente, simplemente en lo que hacen y dicen, cómo se mueven y ríen, o cómo posan, los pobres.

Lo moderno aquí es anti-pompa, claro. Rechazo a lo literario, el oropel, la literatura, las interpretaciones forzadas, la ficción evasiva, la mera idea de “actor”, si se quiere. El “otro” soy yo: le doy mis medios y él me da sus miedos, le ofrezco mi cámara y el me da sus dientes, sus pechos, su baile y palabra. Godard y el Antonioni más ligero (el que captura el plano de significantes, publicidades, letreros del mundo moderno), películas como Soy Cuba (con su propaganda) de aquí provienen. Un cine ligero, esencial, breve. ¿Cuál es la perversión de este cine? Amélie, por ejemplo.

Documento más que ficción, pero pequeñas ficciones dentro del documento: la cámara, la presencia del que rueda, ¿no transforma la rutina diaria de esta gente, no les hace “actuar” de otras maneras? La pelea que presenciamos, ¿es fingida o es real o es un híbrido? Terreno para elucubraciones.

Así, el trabajo audiovisual, del “autor” sobre todo, se empeña en retratar y, al mismo tiempo, dar a conocer otras realidades. Dar visibilidad y protagonismo a los que no lo tienen. Y empeñado, así también, en que la fuerza de las imágenes y palabras tengan un efecto desasosegante sobre los espectadores de ahora o antes. Lo primero era y es el dinero.

El dinero está en los orígenes de la modernidad.