AVNET Jon (1949-_)

88 Minutes (88 minutos) (2007: 5.0)

A un Al Pacino que rondaba los setenta años lo vemos rodeado de bellezas mucho más jóvenes: Alicia Witt, Leelee Sobieski, Amy Brenneman, Deborah Kara Unger y Leah Cairns. Así no extraña que siga en activo. Aunque disimule con Shakespeare, de vez en cuando.

Todas ellas parecen malas, sospechosas, morbosas y enamoradas de Pacino, un psiquiatra forense y profesor de universidad con muchos enemigos. Y enemigas. Su casa parece un fortín y su vida no se detiene ni un segundo. Está en peligro permanente.

Variación ultra-moderna del confuso subgénero del tipo atrapado, el hombre que cuenta con muy poco tiempo para resolver un vicioso puzzle y así seguir viviendo (de los últimos años, por ejemplo: A la hora señalada, Rescate, Juegos salvajes, En el punto de mira, Última llamada, La sombra de las sospecha…). Que se relaciona con el subgénero de los psicópatas, los chiflados talentosos para urdir planes macabros. Ellos son el Mal y tipos como el personaje interpretado por Pacino luchan contra él, topándose con la incomprensión de muchos… y las ganas de liar la trama de director y guionistas.

88 minutos no da un minuto de respiro, ni siquiera el primero, ni siquiera el último. Esa es su mejor baza. La película pasa como una exhalación y, cuando uno se da cuenta, ya se ha acabado y no sabemos qué pensar. O quizá sí.

La película se sustenta en el clima de eterna conspiración contra Pacino. No sabemos quién es el pirado que trama su muerte, pero sospechamos de todos. Y de todas. Y Avnet (¿dónde quedaron los tomates fritos, macho?) nos da motivo para la eterna sospecha haciendo uso de trucos deleznables. Que funcionan, más o menos.

La película se sostiene sobre las continuas llamadas al teléfono móvil de Pacino, que a su vez está todo el tiempo llamando. Nunca había visto un uso más activo de un móvil en ninguna película. A los teléfonos hay que unir los ordenadores, las pantallas de televisión y varias decenas de mecanismos de seguridad y de defensa personal, incluyendo las pistolas. Y es que, como todo el mundo puede ser un asesino, un psicópata o un cómplice de un psicópata, vale más estar prevenido…

Las estrategias de Avnet y su guionista para diseñar este thriller son inenarrables: casi nada es plausible, las razones y acciones de cada cual se nos pierden, y sólo parece cierto que el carisma indómito de Pacino logrará sortear todos los peligros y sortilegios del Mal y obtener un Happy End.

Ay. La influencia de Verhoeven en la cinematografía norteamericana, al menos desde Instinto básico, ha sido devastadora. Y la de El silencio de los corderos tampoco es manca.

88 minutos, que no nos permite pestañear ni un solo segundo, es cine hollywoodiense de indisimulable cariz reaccionario; quien diga que aquí no hay ideología, que esto sólo es “entretenimiento”, es porque ya tiene el cerebro lavado de antemano. No hace falta volver obligatoriamente a los años setenta y a aquella generación de españolitos que, según nos recuerdan cada poco inteligentes socialdemócratas (por ejemplo, el gran Muñoz Molina), se empeñaban ingenua y ciegamente en hacer la revolución y apuntarse a las modas comunistas o maoístas. La cultura ideológica sigue viva en diversos frentes. No sólo es Loach el ideológico. Filmes como 88 minutos también lo son, y de qué manera. Se infiltran, por el “libre comercio”, en casi todo el planeta, y son masivamente vistos. Y cómo distraen. Y qué cosas nos cuentan y muestran e inyectan. A saber:

A) Ayudan a consolidar un par de idas que, más que herederas de Bush (como querríamos pensar), son hijas firmes de la democracia norteamericana, en su vertiente menos (digamos) liberal. Esto es: ni rastro de análisis de ese Mal, nada de un retrato riguroso del asesino que nos lo haga comprensible, un ser humano. Todo es pura caricatura: Pacino está convencido, desde el principio, de que el tipo que él llevo a la cárcel, y que sigue reclamando su inocencia, era culpable. El psicópata es tan desagradable y lunático que nadie duda de que Pacino tiene razón. Pero Avnet, además, crea varios personajes blandos (casi “progresistas”, supongo, ¡o hasta psicópatas potenciales ellos mismos!) que sí sostienen “dudas razonables”. Pacino nos demostrará, claro, que no: que su instinto y las pruebas habían sido correctas. Que no hay que ceder ni un milimétrico y que el asesino lo será hasta a la muerte.

B) El que ha matado, pues, no se cura. Todo es psicológico o genético. Nada de sociología (otra treta “progresista”). No hay reinserción posible. El psicópata y asesino es un pirado sin circunstancias, un "freak" peligrosísimo, y volverá a actuar de nuevo si le dejan en libertad. O si está vivo.

C) Sólo hay, por consiguiente, blanco y negro, buenos y malos, sin matices. La guerra escatológica (que diría Ferlosio) llevada a la ciudad de Seattle. Buena gente, mala gente. Pacino es el bueno. Y Avnet nos despista un rato para que el malo (la mala) no sea demasiado evidente. Porque esto es un thriller, coño.

D) Las armas son necesarias porque el mundo es un lugar peligroso y uno no sabe nunca dónde se esconde el psicópata. La policía es incompetente y brilla por su ausencia. Hay que tener fortines para defenderse de aquellos que intentan entrar en nuestro hogar, quebrantar nuestra felicidad. Hay que, pues, continuar produciendo y consumiendo pistolas y balas. Y seguir haciendo películas donde estas tengan un papel relevante.

E) La pena de muerte es justa: es la única manera de acabar con aquellos que sólo han hecho daño a la sociedad. Ojo por ojo, etc.

F) De todo esto se concluye, no hay que ser un genio, que hace falta “más mano dura”, más pistolas, alarmas, alambradas y sistemas de seguridad, y un presidente que vele porque América sea ese lugar fuerte, seguro, simple, decente y maniqueo donde los malos sean siempre malos y los buenos sean siempre buenos. Y donde las cárceles estén repletas y no existan dudas razonables y la silla eléctrica siga echando humo. Que ladren, luego cabalgamos.

 

*Epílogo 1: Se preguntaba Carlos Losilla, en su lúcida crítica sobre la película de moda  (Cahiers du cinéma España, febrero de 2010): “¿Hay en Precious algún intento de analizar o dejar ver el sistema sociocultural que permite la existencia de situaciones como ésa?” (se refiere a toda la morbosa trama sobre la gorda protagonista y el sinfín de desastres melodramáticos que la acompañan).

*Epílogo 2: “Según datos del FBI citados por la BBC, las estadísticas de ventas mensuales de armas de fuego en 2009 crecieron nada menos que entre un 15% y un 30% respecto a los mismos meses, enero a diciembre, de 2008” (del espléndido artículo "Armados hasta los dientes", de Soledad Gallego-Díaz, El País, enero de 2010).