AUDIARD Jacques (1952-_)

De battre, mon coeur s’est arrêté (De latir, mi corazón se ha parado) (2005: 8.0)

De latir, mi corazón se ha parado es realismo sucio francés. En la tradición del “polar” pero sin policías. Los tipos del film de Audiard (hijo) son duros. Chicos malos. Se dedican a los desalojos intempestivos mediante invasiones de ratas y agresiones. Los ajustes de cuentas. Encargos bañados en dinero negro y corrupción. Drogas, puterío y adulterio. Siglo XXI, en suma.

Aunque nuestro protagonista, el héroe del film, Thomas Seyr (el carismático y atractivo Romain Duris), parece algo más complejo y honrado. Aun peligroso. Ayuda a su padre en sus negocios tenebrosos y, de pronto, ve la ocasión de su vida: una redención de la mala vida a través del arte, el piano. Para ello, sus dedos habituados a la ruda violencia se habrán de acostumbrar, de nuevo, a golpear las teclas del piano.

En España, esta película se habría llamado El hombre sin piano.

Como Akin, Audiard nos ofrece cine moderno, plausible, comercial y potente, radiografía del presente de su país (Francia) y personajes en fronteras morales y sentimentales. Y existenciales. Como Akin (aunque menos que él), Audiard a veces tiene alguna tentación demagógica. Algún golpe bajo. Aun sin las ínfulas globalizantes del alemán.

Audiard no proviene de ninguna tradición de cine sutil, armónico e impresionista. Sus modelos podrían ser, más bien, el “polar” francés de Sautet y compañía. La literatura de un Carver, un Chandler. El ritmo embriagador de un Scorsese. La agresividad amenazante del mejor Polanski. El héroe de Audiard está tan determinado por sus compañías y lazos, por su “vida como ha sido”, que encuentra difícil o casi imposible (ah, determinismos sociales) darle la espalda a lo peor de su modo de subsistencia. Y a la rabia que anida dentro.

El piano, como en tantas películas de prestigio (Gracias por el chocolate, El piano, La pianista, El pianista, etc.), es un protagonista más. Escapismo o disimulo. Una vía hacia la excelencia y la dignidad. Y acaso, una brillante estratagema del propio Audiard. Así es su película. Entre la mala vida y el piano, el crudo realismo y el arte elevador. Así es el talentoso Audiard: una potente tercera vía tan lejos de Rohmer como de Astérix y Obélix.