ASSAYAS Olivier (1955-_)

Clean (Clean (Coraje)) (2004: 8.0)

Acaso el gran escritor español Miguel Delibes (El hereje es ya un clásico) incurriera en cierta ingenuidad cuando, hace ya varios años, y en un artículo (“La esencia de la novela”) incluido en su libro recopilatorio He dicho, en referencia al nouveau roman indicó que “fue un movimiento vanguardista que se quedó en eso: en un prurito de modernización, que pasará a la historia por su novedad, pero que no movió a la novela un ápice de donde estaba”. Y es en esta última parte, con exactitud, donde opino modestamente que el autor vallisoletano habría pecado de inocente o, más claramente, de pasivo o estático.

¿Cómo entender la novelística de Marías, Vila-Matas o los “nocilla boys” sin ese “prurito de modernización”? ¿Cómo calibrar a Tarantino o Desplechin, en suma, sin Godard? Todo (novelas y películas) se está moviendo “siempre”, sin parar, de un lado para otro, para bien o para mal, transformando lo que está en su proximidad, mucho o poco.

¿Cómo disfrutar ante una obra de 2004 como Clean sin pensar en los movimientos vanguardistas de los sesenta, la experimentación y el capricho, o la modernidad y conciencia de las minorías (feminismo, postcolonialismo, gays, "black power", etc.)? ¿Cómo no recordar algún cine de Wenders, uno de los que, siendo consciente de la tradición, liberó al cine de algunos corsés en los años setenta? ¿Cómo no pensar en París, Texas o en esa fantástica obra de Rudolph (tan heredera del “film noir” como de Godard) llamada Trouble in Mind?

Assayas es un posmoderno habilidoso y con cabeza. Un señor responsable y sensible (como Amelio) y viajado y cosmopolita (como Iñárritu o Akin). Un ciudadano del mundo globalizado; sin retintín.

Atento y generoso, alerta a los cambios y tendencias. Cambios sociales. Tendencias culturales. Un tipo inteligente y abierto, el francés Assayas, sobre todo emocionalmente hablando. Su pensamiento no es fuerte pero tampoco es débil. Es una tercera vía ligera y existencial, nada escapista ni demasiado singular pero, a cambio, desdeñosa de cualquier asomo de elitismo, ramplonería sentimental o hipocresía. Hay que adaptarse a este mundo (y a este cine), sólo que unos lo hacen con mayor gallardía y pericia que otros.

La mala vida y la familia. Temas de París, Texas. Lo marginal y lo estable. Nick Nolte y Maggie Cheung. El estilo elástico de Assayas capta a ráfagas y con luminosidad los vaivenes geográficos y emocionales de sus personajes. Sus crueldades, debilidades y desconciertos. Y su generosidad, su valentía.

Ligero, flexible, evitando pedanterías e ideas demasiado rebosantes de política, el lado femenino de Assayas es tan admirable como irrebatible. Pocos lo saben hacer mejor que Assayas. Almodóvar. ¿Cukor? Quizá: pero ya ha llovido desde Cukor.

Clean significa “limpio” pero no puro. Una definición relevante para la porción de mundo (esos personajes y Vancouver, Londres, París, San Francisco…) que Assayas ha seleccionado (es también el guionista) con objeto de lograr nuestro distinguido disfrute. Un disfrute limpio pero no puro.

No me emociona demasiado, este cine, ni me obliga a repensar ideas o intuiciones. Pero consigue ofrecer salidas versátiles, adultas, humanas y modernas a todos los charcos morales, dramáticos y estéticos que pisa, o que podría haber pisado. El mundo es frágil, los humanos también lo somos (débiles, patéticos, egoístas); Assayas demuestra que el entendimiento generacional es posible, que la rebelión y la calma pueden ser positivas y cara y cruz de la misma moneda.

Assayas, con fotografía (Eric Gautier) de calculada y diáfana informalidad y música (Tricky, B. Eno, D. Roback) “indie” que conectará con gente universitaria, más bien joven, moderna y a la última, sabe transmitirnos las sensaciones e inquietudes por las que pasan sus personajes principales; encarnados con acierto y compromiso por Nick Nolte y Maggie Cheung: deseando amar. Y esta gente se mueve más de un ápice de donde estaban al principio. Aprenden, se esfuerzan y aprendemos con ellos.