KITANO Takeshi (1948-_)

Dolls (Dolls (marionetas)) (2002: 2.5)

El mismo japonés que sólo un año después iba a dirigir la pasmosa, enigmática y rítmica Zatoichi, realizó en 2002 Dolls (Marionetas), una película olvidable. ¿Quién lo podría decir? La teoría del Autor (con mayúsculas) tiene estas cosas. Ocurre a veces: que, por ejemplo, Wong Kar-Wai abriese el siglo XXI de manera prodigiosa (la irrepetible In the Mood for Love) y la finalizara de forma rendida, pastosa y autocomplaciente (My Blueberry Nights). Así es la vida. Así es el cine.

En Dolls, al gran Kitano le dan accesos poéticos artificiosos, de esos que no sabe reprimir, como ya había demostrado, hasta cierto punto, en Hana-bi (flores de fuego) que, no siendo ya ninguna maravilla, al menos no caía en picado por el desfiladero definitivo de las mariposas, las florecillas, las pompas de jabón, las poses sin fondo y demás entretelas.

Ay, Dolls, ay, Marionetas: pero en qué estabas pensando, amigo Takeshi. Creo que llegué a ver los primeros cuarenta minutos, no más. Con diferencia, la obra más densa y, al mismo tiempo, más insustancial e inverosímil del cine de Kitano.

Violent Cop, Brother o Zatoichi están en otra liga. Deducimos que cuando Kitano se quiere tomar un respiro de sí mismo, renunciando a su inmenso talento como constructor de unos envolventes, y nada frívolos, dramas violentos (a través de un perfecto dominio de espacios, caprichos y tiempos cinematográficos), ahí Kitano patina; y, por cierto, de manera injustificable, cursi y estática, como si el autor japonés hubiese pretendido hacer su seudo-Bergman. Patéticas  marionetas, Takeshi: tú no eres sueco.