CAMUS Mario (1935-_)

Con el viento solano (Con el viento solano) (1966: 7.5)

Sin meta, sin finalidad, el hombre se vacía de sí mismo. Sin meta, sin finalidad, camina Sebastián Vázquez por la carretera que pasa por el molino viejo, que lleva hacia el peligro. Sebastián piensa en su madre. Siente su propia soledad. Solo por fin frente a la sangre y a la muerte.

 

Palabras profundamente existencialistas de Ignacio Aldecoa en la impresionante novela que dio lugar a esta notable película de Mario Camus.

Sebastián Vázquez: antihéroe gitano, asesino no por accidente pero tampoco por intención manifiesta. Asesino por irresponsable y alcoholizado: o porque así le azotó el destino. La mala suerte. O el exceso de ocio. Eso percibimos en la novela y la película.

Un hombre solo, un hombre que huye, un hombre que, de pronto, no puede contar ni con amigos ni con familia. El miedo a la Guardia Civil es asombroso.

Un hombre extranjero de sí mismo, que vaga de la ciudad al campo, del tren a la higuera, escapando, caminando, corriendo, huyendo: hasta de las buenas personas, como la bella Lupe, que le quiere (la actriz María José Alfonso). Y sabiendo que antes o después lo cogerán. O se entregará. Un asesino dostoievskiano, camusiano: de Albert y del joven Mario.

Un pobre criminal alcoholizado: Con el viento solano es la novela más alcohólica que he leído jamás: cuántos vasos de vino, de aguardiante, de anís, cuántas referencias al beber y al emborracharse, el beber sin límite y porque sí. Arrogancia masculina, orgullo gitano; machismo, tontería, españolidad brutal.

Camus adelagaza con sutileza la mucha poética de la narración de Aldecoa aunque, en ocasiones, las elipsis parezcan demasiado repentinas y desequilibradas. Las concesiones al arte flamenco de Antonio Gades son evidentes aunque no molestan en exceso. La moraleja no consigue ser ejemplarizante: uno se identifica con Gades y sus palabras y acciones, qué le vamos a hacer.

El sentido realista de Camus está presente en la precisa composición y el retrato de personajes (sus rostros, su habla). También presente está su cercanía respecto del desesperado, el frágil (pese a todo): el marginal atractivo, impetuoso y altanero, el antihéroe existencialista español. ¿Una parábola anti-franquista?

Camus, asimismo, demuestra su habilidad (y fe) en la representación del paisaje, con un componente de oscuro determinismo sobre su personaje. Que es verdugo y víctima. De su conciencia y de la falta de ayuda; y del sol, que lo va quemando, cansando, atizando decepciones.

Espeluznante momento casi último tanto en la novela como en la película. Tras su extenuante odisea por campos de secano arrasados por el sol y la miseria, llega Sebastián, por fin, a la casa de su madre (Imperio Argentina, en la película). El diálogo aún me da escalofríos:

 

-¡Ay, Sebastián! ¿Qué has hecho?

-Vengo con sangre, vengo de muerte.