ARGENTO Dario (1940-_)

Il gatto a nove code (El gato de las nueve colas) (1971: 7.0)

Aquel primer Argento intentaba repetir las hazañas terroríficas y estéticas, inquietantes y visuales de la estupenda El pájaro de las plumas de cristal. Con El gato de las nueve colas (otro sonoro y animalizado título) lo logró sólo parcialmente.

En esos años de influencia capital de Antonioni, Argento volvía a evidenciar su interés por los enigmas de la representación de lo real: la dificultad de registrar con veracidad, y sin olvidar detalles, lo que ocurre delante de nuestros ojos y oídos.

Desde esta óptica, el gran Karl Malden hace de ciego: una treta magnífica que, curiosamente, Argento no explota todo lo que habría podido. Malden, por cierto, es quizá el único de los actores que no sobreactúa ni posa, ya que el viril James Franciscus y la erótica Catherine Spaak no se libran de los “tics” de sus estereotípicos (aun sabrosos) personajes.

Quede constancia, no obstante, del inquebrantable talento de Argento para crear tensión de “thriller” desde el minuto uno. Y de beber de fuentes diversas (incluyendo de Lang o Siodmak, opino). Luego los altibajos son obvios, pero aún así la película no descarrila, combinando con acierto algún misterio típico del “Whodunnit” con un morbo setentero y  spaakiano; alternando asesinatos sin demasiada orginalidad con una subtrama de espionaje científico de alto calibre moral: ¿un gen que determinaría la criminalidad, “a priori”, de un ser humano?

Asunto con fuerza centrífuga en aquellos años (La naranja mecánica, las obras de Crichton) que años más tarde Spielberg trataría en Minority Report, poco más o menos (Cruise y su “break-dance” posmoderno). Para Argento, “lo social” era y es una disculpa para el terror: no es lo que podría llamarse un cineasta progresista, vive Dios. Pero tampoco intenta darnos liebre por gato de nueve colas.

Coda hitchcockiana:

¿Cómo no ver a aquel Argento como un continuador de Hitchcock por otros medios menos sutiles, más agobiantes, más explícitos y “gore”?

¿Cómo no considerar relevante que Frenesí, de Hitchcock, es de 1972, y que constituye lo más argentiano (que no argentino) que nos dejó el más auténtico maestro del suspense?

¿Cómo no ver en Argento a un Hitchcock más latino y echando una cana al aire, liberado de faja, puntillismo y cinturón, mirando más hacia Jess Franco que hacia William Wyler?