BORZAGE Frank (1893-1962)

A Farewell to Arms (Adiós a las armas) (1932: 8.5)

Años de momias, de “freaks”; y de Lubitsch, de Hitchcock, de Capra, Cromwell, etc.: los luego denominados clásicos haciendo un cine que, ustedes perdonen, no parece haber alcanzado la armonía del llamado clasicismo.

Un momento fascinante, seguro: Adiós a las armas es breve, inventiva, emocionante y no da tregua; contiene ramalazos expresionistas (sombras, tenebrismo, irrealidad, arrebatos de violencia) y del cine mudo (prueben a ver muchas de sus escenas sin sonido); e influencia rusa en el uso del montaje (expresivo, simbólico, elíptico, casi diálectico en un par de destellos).

Borzage y las cumbres del melodrama: esas aves en el cielo, que no eran buitres, precisamente, pero que merodeaban (cual aureola angélica) sobre el apogeo de la muerte.

Borzage, en palabras del gran José Luis Guarner: “romántico irredento e irreductible cantor excelso de la ostentosa vida interior de los amantes en el seno de la adversidad”. Tiene gracia lo de “ostentosa vida interior”, sin duda. Y también es divertido cuando Guarner señala que, a partir de ciertas obras literarias de relumbrón (aquí de Hemingway), hay cineastas “con ‘demasiada’ personalidad” que pueden chocar contra esas palabras y guiones. Unos pecan por ser fieles al original y otros por ser fieles… a sí mismos.

Momentos memorables de Borzage, como ella escribiéndole una mentirosa carta a él (describiendo su espléndido apartamento y las preciosas vistas), mientras vemos cómo es en realidad su hogar. La ficción sin espectador ficticio (él no leerá esas cartas) pero con espectador “real” (¡el espectador lo ve, lo lee!). Borzage, con enorme talento, columpiándose (por bondad y generosidad) sobre el tufo de lo ruin. Reflexión sobre uno de los usos válidos del cine: la maravillosa evasión.

Triunfo del Amor, en todo caso, y vuelvo a Guarner: los amantes “logran la victoria espiritual a través de la derrota física”.

Actor: el jovencito Gary Cooper ya hacía de Gary Cooper y ya era (hoy lo sabemos) inmortal.

Actriz: Helen Hayes interpretó a su amada y (lo supo Borzage y lo confirmamos en 2010) era muy mortal. Como personaje y como actriz.

Por cierto: Guarner describe cómo Cooper toma a su amada en brazos en la última escena y exclama: “¡Paz!”. En mi versión, Cooper ha dicho “¡Amor!”. ¿Anécdota del doblaje o escribo otra tesis doctoral?

 

(La crítica de Guarner aparece en el Diccionario de películas del cine norteamericano. Antología crítica; su comentario apareció originalmente en 1986 en La Vanguardia)