KIESLOWSKI Krzysztof (1941-1996)

Blizna (La cicatriz) (1976: 7.5)

Wstęp. Stefan Bednarz, un hombre del Partido (Comunista), no logra convencer a las gentes de la zona de los beneficios que traerá una planta química. No consigue “conectar” con la ciudadanía: en aquella Polonia de los años setenta, las distancias entre el Partido Único y las personas reales (una a una) se agigantaban. Primaban las cenizas, más que los diamantes. No estaban aún para gritar “goodbye Lenin”, pero ya les iba apeteciendo.

 

Związek. Es curioso cruzar ahora películas como la polaca La cicatriz con obras que, por ejemplo, Godard había hecho poco antes… Alguien como Kieslowski seguramente se habría preguntado, (pongamos que) viendo La chinoise o Todo va bien: ¿no están estos señores occidentales algo imbuidos de una cierta Fantasía roja (como el entretenido libro de Iván de la Nuez, publicado en 2010)? Kieslowski alterna, por un lado, una especie de realismo socialista (convencional, ortodoxo) asentado en bases que parecen televisivas, con algunos raptos fílmicos de genio (destellos casi psicodélicos o meramente humanos) que, no sé en su momento, pero hoy día podrían verse como desahogos ante tanta burocracia, grisura y consignas del Partido.

Kłopot. Bednarz, interpretado por el excelente actor Franciszek Pieczka (que ha trabajado con otros grandes directores polacos como Wajda, Has o Kawalerowicz), es un hombre atrapado. No tiene tiempo para sí mismo ni su familia: y cuando se encuentra con su mujer o su hija, saltan las chispas. No está relajado, no está a gusto. Siempre cavilando. Su puesto de trabajo, de responsabilidad al frente de la construcción de la fábrica, le da dolores de cabeza.

Mężczyzna. Colóquese, pues, también La cicatriz como típico film de su época en un sentido temático y vital: el hombre adulto solo, incomprendido, insatisfecho, que busca su lugar en el mundo. 1976 (además de mi año de nacimiento) fue también el año de Pascual Duarte (R. Franco), Retrato de familia (Giménez Rico) y El anacoreta (Estelrich); de Stroszek (Herzog), Fascinación (De Palma), Alma perdida (Risi) o Network (Lumet); incluso, a su manera, de El pistolero (Siegel) y El fuera de la ley (Eastwood). Hombres que, como Bednarz, no saben ya lo que quieren; se cansan, irritan y frustran. Pero Bednarz está dentro de la ley y carece de pistola.

 

Epilog. El escritor español Max Aub visitó Cuba en los primeros tiempos de Castro y la Revolución y (según Iván de la Nuez, en Fantasía roja) concluyó: “Si lo que dice [Castro] tiene que ver con Marx, ¡que baje mi bisabuelo y lo diga!”.