PÉREZ-DOLZ Francisco (?)

A tiro limpio (A tiro limpio) (1963: 9.0)

Una hipótesis cinematográfica:

Partiendo del neorrealismo más turbio, del más urbano Relato criminal (1949) josephlewisiano y de la inventiva visual en torno a las nada recomendables compañías siodmakianas, los personajes de esta película española aspirarán a El abrazo de la muerte (1949). En función de la truculencia e intensidad kazanianas de Pánico en las calles (1950) y La ley del silencio (1954), asistimos A tiro limpio a una obra española de un Pérez-Dolz imantado por la modernidad y el ingrato destino de los kubrickianos hombres de El beso del asesino (1955) y Atraco perfecto (1956). Tipos fullerianos con las Manos peligrosas (1953); hombres ya decaídos lazaguiana y moralmente como los de La patrulla (1954), enfrentados a la retranca españolísima y forquiana de Atraco a las 3 (1962). Un héroe con aureola política como de parábola wajdiana, pobres Cenizas y diamantes (1958), metido hasta dentro en Un maldito embrollo (1959), tan pesimista como austeramente germiniano. Detallismo insólito, casi tan bressoniano como el de Pickpocket (1959); un hombre y una mujer en una habitación criminal que ha bebido godardianamente Al final de la escapada (1959). Una historia tan anclada desde su inicio en un durísimo y frustrante presente como en Un mañana arriesgado (1959) y wisiano. Hustonianas e irresistibles Vidas rebeldes (1961).

La tarantinizada Reservoir Dogs, inferior, por cierto, a todas las películas citadas, sería en los años noventa un discutible “comeback” a la citada tradición, un nihilista colofón: la criminalidad social y sociólogica del culto al dinero, puesta al servicio de su Majestad el Impostado Estilismo tan Icónico como Violento y Frívolo. Adiós a casi todo: quedó Warhol.

Excepcional policíaco español de 1963 que acontece en Barcelona (una anciana hasta habla catalán) y que constituye un acertado y asombroso compendio de influencias variopintas; obra seca, original y excelente en la que, por ejemplo, los dos criminales comienzan sus andaduras delictivas en un coche mientras escuchan en la radio poemas de Lope de Vega y Tirso de Molina. Y de inmediato regarán a sus agredidos con una manguera de agua. Y oiremos más tarde la palabra "marica". Alucinante. Una de las mejores películas españolas de la década de los sesenta, a mi modo de ver. De mirar.