SCOTT Ridley (1937-_)

Blade Runner (Blade Runner) (1982: 9.5)

BLADE (en el cine Doré)

Obra urbana con enormes anuncios de neón pero sin sol, como Sans Soleil (Marker), del mismo año. Diluvio universal cayendo inclemente sobre la pérfida ciudad futurista y sin futuro; furia pesimista muy Kurosawa, Rashomon, Los siete samuráis, la lluvia torrencial embota el entendimiento y trae violencia y muerte. 

Blade Runner, sí señor, al César lo que es del César, inspiración total del señor Ridley Scott, su obra maestra: película maravillosa, extravagante, profunda, extraterreste; más profética, pese a las tecnológicas apariencias, de lo que parece. El Frankenstein de la era Baudrillard: Cool Memories, por cierto, de esos primeros años ochenta (mis “negritas”):

 

Una vez considerada la superioridad de la especie humana, el tamaño de su cerebro, su poder de reflexión, de lenguaje y de organización, puede decirse lo siguiente: si hubiese una mínima posibilidad de que apareciese otra especie, en la tierra o en otra parte, rival o superior, el hombre emplearía todos sus medios para destruirla. El humano no puede tolerar ninguna otra especie, ni siquiera sobrehumana: quiere ser el apogeo y el fin de la aventura terrestre, y controla ferozmente toda nueva irrupción en el proceso cosmológico.

 

Apogeo de la Distopía: decadencia, suciedad, despojos, deseo, peligro, humedad latente; ser dioses pero parecer mendigos; naves espaciales, pirámides aliens, invasión gastronómica oriental; mugre, putas, tipos sin escrúpulos, gentes y bichos disfuncionales; freaks del progreso científico; Apocalipsis (de aquí han bebido tantas obras después: apuntaré Seven, de David Fincher).

RUNNER (junio de 2010)

Rutger Hauer salvándole la vida a Harrison Ford. Monólogo patético, sentido, épico, grandioso de Hauer, qué decir: uno de los grandes momentos de la historia del cine.

¿Qué final es mejor, el de 1982 o el “director’s cut”? Y qué más da. ¿Qué cambia un minuto respecto a los restantes ciento y pico? El colmo de la “interpretación” sería suponer que una escena de más o de menos modifica radicalmente la significación de una película. ¿Significación? Qué horror: una película “expresa”. Repitamos que una película no es una colección de “significantes”. Sintamos, pues, este estrafalario film noir de persecuciones y ciencia ficción: y compárese su lentitud, por ejemplo, con los enjambres rabiosos (digitales y no digitales) que vinieron detrás. La “acción” de Blade Runner se subordina a un insólito tempo pausado y solemne. La acción de Blade Runner permite, en todo momento, el deleite estético y la reflexión filosófica. Un placer superior.

Ay, esos inolvidables enamorados, una replicante y el otro humano (¿o no?), ambos con fecha de caducidad (como todos los enamorados del mundo), que huirán en busca de su parsimonia vital, su felicidad sin angustia, lejos de la urbe cosmopolita, cegadora y peligrosa. En pos de su Zabriskie Point. Y así hasta la derrota siempre: sin miedo y sin esperanza.

Todos somos replicantes.