CHAPLIN Charles (1889-1977)

The Kid (El chico) (1921: 8.0)

INTRO. Aunque admitirlo sea una terrible simpleza, sólo por el hecho de que una película no sea hablada ya le resta (a mis ojos, a mis oídos) cierto atractivo. Las películas silentes me resultan menos cercanas, menos naturales. Las músicas de carrusel o sentimentales, tanto las originales como las añadidas en restauraciones muy posteriores, suelen distraerme y hacer la obra más homogénea, babeante o circense. Habla, mudito.

GILA & CHAPLIN: sobre Chaplin jamás nadie se ha expresado en los términos peyorativos que utilizan, por ejemplo, dos viejas en un chiste de Gila de los años setenta (en El libro rojo de Gila). Una le explica a la otra: “Pues Kafka es como Corín Tellado, pero en raro”. Chaplin nunca ha sido raro. The Kid, clásico indiscutible, es pre-neorrealismo a ritmo de dibujos animados. The Kid nos adelanta el arte de De Sica a ritmo de El Coyote y el Correcaminos.

LEVITT & THE ROAD RUNNER. La cota realista es indudable: los niños, protagonistas a veces invisibles de la calle, de la ciudad. Viendo la película de Chaplin tras asistir en Madrid a la exposición de la fotógrafa Helen Levitt (“Lírica urbana”) uno comprueba cómo la miseria, el desparpajo y la picaresca dickensianas estaban presentes en el arte veraz de Inglaterra y los EEUU en la primera mitad del siglo XX. En Chaplin, sobre todo en su cine mudo, antes de que se volviera más resentido, cerebral y solemne (aunque ese Chaplin también nos gusta). El lado de los dibujos animados es el que influye para que, da igual en qué lugar del mundo (al menos, occidental), un niño o no tan niño del siglo XXI pueda sentirse todavía fascinado ante una película antigua que, no obstante, “corre” tan rápido; una obra en la que el protagonista es un chavalillo y en la que hay numerosos mamporros y divertidas persecuciones. Los niños y menos niños logran identificarse con una trama en la que los adultos intentan (de cualquier manera bochornosa e hilarante) librarse de la carga que supone traer un hijo al mundo. Me llama la atención, siempre, la tremenda violencia edulcorada (gracias al ritmo y el tono) de películas como The Kid: contra mujeres y niños, y por supuesto de hombres contra hombres. Arreglan los problemas a guantazos, empellones, empujones, bofetadas, puñetazos, capones. Y nos reímos porque sabemos que es mentira y que, “en realidad”, no se están haciendo daño: son como dibujos animados.

SALUD, DINERO & AMOR. Hay toques de realismo mágico (esos ángeles horteras, ese sueño del pobre vagabundo protagonizado por Chaplin) en una historia ante todo esencial. Llega al fondo del ser humano y retrata una sociedad ya moderna: las calles, la pobreza, los oficios, el buscarse la vida, el ocio, el hogar, la maternidad. Vivir, comer, dormir. Amor, dinero, salud. Chaplin es eterno y marcó tendencia: el folleto sobre la exposición de Helen Levitt, como parte de PHOTOESPAÑA2010, incluye estas palabras sobre la “invención clave” de esta fotógrafa, aplicables también a Chaplin:

 

La representación moderna del mundo popular a través del documento fotográfico y la construcción poética y política del hombre común como el sujeto de la historia…

 

EPÍLOGO. El gran mérito de Chaplin es que supo combatir desde su espacio y su tiempo, contra su espacio y su tiempo, a través de obras inmortales pero entretenidas y locuaces que tocan lo que cualquier persona entiende por “cuestiones importantes”: que son las del día a día. Chaplin no fue considerado nunca ni un vulgar artesano ni un elitista para públicos minoritarios. Chaplin es Corín Tellado más Kafka. Esa es su suerte y la nuestra.