TRUFFAUT François (1932-1984)

Tirez sur le pianiste (Tirad sobre el pianista) (1960: 8.5)

VIBRANTE TRUFFAUT

“Sala de verano” en la Filmoteca madrileña, julio de 2010. Qué placer: tomar una cerveza al aire libre mientras disfrutamos (y el verbo “disfrutar” es clave ante cualquier Truffaut) de Tirad sobre el pianista. Ni siquiera los horrendos subtítulos en color azul claro, apenas legibles, nos arruinan la velada a los aficionados al cine y demás fauna.

Como remarca mi amigo Luismi, se huele más glamour que de costumbre en el cine Doré: bastantes chicas monas (ninguna sola) vestidas de noche, como si acudieran a una fiesta. Qué lindas. Pero la fiesta es de Truffaut.

Y luego he leído en Miradas de cine que D. Faraone opinaba esto (http://www.miradas.net/2006/n54/estudio/tirezsurlepianiste.html):

 

Tirez sur le pianiste es la película de Truffaut que más se asemeja al cine de Jean-Luc Godard, y un ejemplo de libertad expresiva y de ruptura deliberada con respecto a las formas narrativas clásicas.

 

Ya, pero sobre todo al Godard de Al final de la escapada (de la que, sin duda, se inspira) y Bande à part.

El relato criminal rodado y montado de manera

desenfadada,

descarada,

ni seria ni puro “spoof”.

O, en palabras de Faraone:

“esta sumatoria de caprichos personales que es Tirad sobre el pianista, alternando una y otra vez planos dinámicos y estáticos, introduciendo breves situaciones absurdas y risueñas, acentuando la tensión a medida que el relato avanza”.

El joven e ilusionado Truffaut, en Tirad sobre el pianista, aún no estaba seguro de si prefería la vida

o el cine.

Porque el cine se le antojaba, en aquel momento (1960) más que en ningún otro, un medio de

expresión,

experimentación,

sátira,

mofa,

deriva.

La narración con ribetes de ensayo sobre la propia narración, género favorito de Godard. La narración

descreída,

atrevida,

desgarbada,

rota,

descosida,

deslenguada,

procaz.

Y un protagonista (Charles Aznavour) carismático por defecto, tímido pero artista, pequeño y elegante, feo pero con encanto y talento para la música. Gustaba a las mujeres de la película por su arte sombrío y dura fragilidad. ¿También ha gustado a las espectadoras glamourosas del Doré? No sé pero sí quisiera saberlo.

Tirad sobre el pianista, en su parte última en la casa rodeada de nieve: imposible no pensar en La casa en la sombra, de N. Ray, uno de los héroes truffautianos y casi de cualquier cinéfilo. Me he acordado de otros títulos, con menos fundamento (pero así es la libre asociación de imágenes):

A) una obra genial del “film noir”, El abrazo de la muerte de Siodmak,

2) una película simpática y casi paródica del joven Anthony Mann, Dos en la oscuridad,

y III) esa joya supuestamente menor de Preminger llamada Al borde del peligro.

 

FRUSTRANTE POST-TRUFFAUT

¿Al borde del peligro, la oscuridad, la muerte? No todo el mundo. Un productor madrileño llamado E. López Lavigne, entrevistado por I. Seisdedos (El País Semanal, junio de 2010), señala cuál es el sentir y pensar de buena parte de su generación, para la que Truffaut es algo así como un líquido inflamable:

 

Hollywood es un estado mental globalizado. Una industria que invierte en directores en el lugar donde estén. Como con Bayona y Fresnadillo, cuyas visiones, muy personales, muy españolas, les resultan interesantes.

 

31 palabras que son pura y ruin filfa. No ya una rendición sino un “estado mental”, por utilizar las palabras de Lavigne, sobre lo que significa estar “brainwashed” por el Big Brother. Las dictaduras modernas son así: apenas nos permiten distinguir quién es el pianista. A quién disparar, pues.