ANTONIAK Urszula (?)

Nothing Personal (Nada personal) (2009: 3.5)

Aunque creo que ahora se utiliza menos, en el fútbol se solía decir que un jugador había “telegrafiado” un pase cuando, intentando pasarle el balón a un compañero, éste (el balón) había sido interceptado por un oponente, dado que el jugador del mal pase en ningún momento había intentado fintar o disimular (“haciendo como” que le iba a pasar el balón a otro jugador, reteniendo la pelota u optando por una jugada diferente). Se trataba y se trata, pues, de un pase “evidente” que le pone las cosas fáciles al equipo rival, que puede robar el balón con relativa sencillez: y esto porque la propia trayectoria tanto del jugador como del pase había sido “anunciada” desde el inicio del movimiento. Se perdía, así, y se pierde la capacidad

de sorpresa, de belleza natural y de maniobra,

y el jugador que había “telegrafiado” el dichoso pase podía ser recriminado con toda justicia, verbalmente o en el pensamiento, por otros compañeros suyos, por hinchas de su equipo o incluso por periodistas que radiaban el partido y que esperaban

algo más de sutileza y de amago y de imaginación y de sugerencia. Y de arte.

La directora Antoniak, en fin, telegrafía varias decenas de veces las emociones y sensaciones que desearía transmitir mediante su película Nothing Personal (coproducción entre Holanda e Irlanda): los protagonistas, él (Stephen Rea) y ella (Lotte Verbeek), solos en un paraje rural del oeste de Irlanda, son manipulados por la directora y el resto del equipo técnico de una manera igualmente esperable y obvia y pretenciosa. Desde carteles que nos anuncian lo que deberíamos sentir (“Soledad”) hasta planos enfáticos para que tengamos que sentir lo que Antoniak quiere que sintamos (el banco vacío en el que antes habían estado sentados ambos), pasando por zafios paralelismos (ella dejando la comida ante la puerta de él) o por música operística (para enseñarnos que, por muy desagradable y mezquina que sea ella, tiene su lado artístico y su corazoncito). Hay decenas de ejemplos atosigantes.

La mayoría de los planos, fastidiosas escenas y monosilábicos diálogos y secuencias de Nada personal aparecen, pues, metafóricamente acentuados por una flecha que apunta hacia lo que el espectador habría de pensar y sentir y hasta ver en cada momento. El espectador, el pobre, cautivo. Y cuando el asunto se pone demasiado evidente y machacón, entonces Antoniak (que demuestra que su cine no es nada personal sino una seudo-batería de imágenes tarkovskianas forzosamente enigmáticas pero predecibles) decide meter planos muy de El piano (ella desnuda al lado del cuerpo muerto de él) para que el espectador desprevenido o despistado (o ambos) se vea obligado a reconocer: “fíjate qué plano tan impactante”, “qué solos se sentían”, “pobrecillos”, “qué bonita escena”, etc.

¿Quiénes son los compañeros de equipo o los hinchas que deberían afearle su barata conducta a la polaco-holandesa Antoniak? ¿Seré yo, señor, seré yo? Pues te lo diré con claridad, Antoniak: nada tiene que ver tu cine con la muy valiosa película irlandesa Garage, con la que “parecería” a priori que guarda puntos en común. Las apariencias engañan pero el algodón no. Y tu película es la crónica de una pedantería anunciada.