ACKERMAN Andy (1957-_)

SEINFELD (SEINFELD) (1990: 6.0)

Director de numerosos capítulos de Seinfeld y Frasier, entre otras series de televisión (“sit-coms”), Andy Ackerman parecería a priori el típico señor con el que a muchos nos apetecería tomar una cerveza y echarse unas risas inteligentes, apañadas y burguesas. Ser burgués es lo mejor del mundo: ni rastro de ironía en esto.

También me gustaría compartir esa birra con Jerry Seinfeld, el actor, escritor y productor de la serie que lleva su nombre, vaya ego. Hace años había visto algún episodio suelto de Seinfeld y creía recordar que era como un “sketch” de Woody Allen pero en más “light” y complaciente. En julio de 2010 mi impresión ha sido parecida.

Hace menos años había dado con Letters from a Nut, libro auspiciado (o incluso escrito, no está claro) por Jerry Seinfeld, que también da pistas sobre su tipo de humor: de suaves paradojas dramáticas, lindos contrasentidos verbales, absurdas tonterías irregulares (unas hacen gracia, otras muchas no): lo que podríamos denominar un comediante agudo y perplejo ante la propia tontería del mundo desarrollado. Las relaciones humanas (sociales): qué complejas son. La inteligencia emocional (eran los primeros años noventa) saltaba al escenario y al rescate. A los tipos con barriga y gafitas y a las chicas simpáticas y humildes la testosterona de un Stallone les resultaba descorazonadora.

Mi reencuentro con Seinfeld, y en concreto con el capítulo “The Soup Nazi” (de 1995), no ha sido especialmente delirante ni conmovedor. Desconozco si el humor tiende a pasarse de moda (no es tan evidente: los hermanos Marx o Chaplin siguen descacharrando a una gran cantidad de personas), pero reconozco que “The Nazi Soup” me ha parecido poca cosa y que su humor sólo me ha hecho reír en una ocasión, cerca del final del capítulo, no me acuerdo ya por qué.

Seinfeld es sobre “gente normal” y urbana de los EEUU, aun con un prurito indie e intelectual. Es como Friends pero los protagonistas tienen unos años más y alguna belleza menos. Sus preocupaciones son comer sopa, comprar un armario o ser más o menos cariñosos con su novio o novia. El tono es de ligero y sano relativismo, muy New York.

Una anti-épica para generaciones de sutiles treintañeros que, en los años noventa, no se sentían cómodos al lado de Terminator. Una anti-lírica para aquellos espectadores que se aburrían con filmes demasiado profundos pero que abominaban, también, de la cacharrería agresiva, demencial y escapista. En Seinfeld lo habitual es encontrarse a los personajes sentados en el sofá, hablando y comiendo alguna chuchería o paseando por la calle y hablando de sus relaciones.

Todo muy americano, muy Friends, insisto, humor judío (http://www.jweekly.com/article/full/8208/critics-call-show-self-hating-was-seinfeld-good-for-jews/) y perspicaz para los pequeños detalles que, sin embargo, y en lo que a mí respecta (a día de hoy), me resulta en exceso inane e, incluso, vaya, tontorrón. Aunque se me dirá que con sólo un episodio uno no se puede hacer a la idea de cómo son los personajes, etc. Y tendrán razón. Lo que no sé es si me apetece ver más capítulos de Seinfeld, habiendo tantos audiovisuales por descubrir y tantas palabras por teclear.