MINNELLI Vincente (1903-1986)

The Bad and the Beautiful (Cautivos del mal) (1952: 6.0)

INTRO 1. Hollywood tiene la batalla ganada, y da la impresión de que en España más que en ningún otro país. El prestigio y la popularidad de películas como Casablanca, Con faldas y a lo loco o Uno de los nuestros (por nombrar tres de distintas épocas) están muy por encima de las de Stromboli, Al final de la escapada o Los amantes del Pont-Neuf. Hollywood se las arregla para fusionar glamour con cinismo, de manera que, a la vez que hacen publicidad de sí mismos, nos muestran su “dark side”, lo que siempre obtiene el beneplácito de los más marchosos.

INTRO 2. Hollywood no nos suelta ni aunque queramos soltarnos. No nos permite estar a la deriva y que sintamos a Pasolini, Truffaut o Wenders tan cercanos como Coppola, Scorsese o, qué sé yo, Adam Sandler. Sus mitos son los nuestros, sus fórmulas también. Uno lee, en fin, y con enorme agrado el simpático libro de F. Marañón Tiene delito y confirma la fascinación que ha ejercido y ejerce Hollywood, y no sólo el llamado “clásico”. E insisto: creo que más en España que en otros países de nuestro entorno (descontando los anglófonos), sin olvidar que la dictadura del doblaje seguramente ha jugado ahí un papel primordial.

INTRO 3. Uno lee la lista que publica El País Semanal (agosto de 2010) sobre “las 100 películas que cambiaron su vida” (la de cien personalidades del cine de España e Hispanoamérica) y se reafirma. Arrasa Hollywood, y eso que Buñuel, Berlanga y Almodóvar ocupan un lugar central por la “cuota” hispánica. Pero casi ni rastro de Rossellini, Rohmer, Godard,  Pasolini o Haneke; poca cosa de Ozu, Mizoguchi, Lang, el indio Ray o Herzog.

CAUTIVOS DEL MAL

En la línea de El crepúsculo de los dioses o Eva al desnudo. Brillantes películas de guión. ¿La “cara oscura” de Hollywood?

O, simplemente, Hollywood: propaganda de sí mismo. Su glamour, luces y sombras, su universalidad (amores y odios, traiciones y rencores, etc.; convenciones asumidas).

¿Por qué se llama Cautivos del mal? ¿Por qué “mal”? ¿Por qué “the bad”, por qué “beautiful”?

Términos extremos, todos ellos, dignos de Hollywood y su leyenda, que ha de alimentarse siempre, da igual si con Lana Turner o Angelina Jolie: tienen que “pasar” cosas. Morbo, morbo.

¿Buenos actores, una historia bien trabada, aspectos técnicos inmejorables? Sí, claro, sí.

¿Una gran película? Hasta donde yo llego, no.

Si El sur, El río o Tabú juegan en la Champions League, Cautivos del mal está en otra cosa. ¿La Europa League? Acaso. Es un convencional cine norteamericano que se mete mano a sí mismo para que nada cambie nunca.

¿Minnelli, uno de los grandes directores de los EEUU? En lo que a mí respecta, no y no.

¿Aquellos productores (tal es el tema), que sí “sabían” de cine…?

Quizás. Pero no saquemos las cosas de quicio. No sé cómo son los productores de los últimos años, pero Eastwood, Scorsese, Woody Allen, Aronofsky o Payne no han hecho peores películas que Wyler, Sirk o Capra, que Lubitsch o, por cierto, Minnelli.

Cautivos del Guión: apogeo del Guionista (mucho más reivindicado que La Actriz o El Director) como individuo y herramienta capital de la Industria e, incluso, del llamado séptimo arte. El guionista y su cansina aureola, su repetido malditismo de cigarro, página en blanco, amor loco y máquina de escribir, sus perpetuos trucos: qué fatiga. Esa creencia sigue a día de hoy: muchos piensan y dicen que la supuesta degeneración de parte del cine se debe a la falta de “buenas historias”. Sigo sin saber qué son. Pero los que hablan de decadencia del cine en el siglo XXI no se acuerdan de Desplechin, Cantet,  Béla Tarr… ¿No será que la pereza nos invade a todos y que Hollywood nos ha derrotado para siempre?

Nada se improvisa en el film de Minnelli, mecanismo muy bien trabajado en el que todos los elementos se enlazan con ingenio y precisión… No esperábamos menos.

Pero sin alma, sin brío, sin aventura, sin misterio, sin dejarse llevar.

Producto de calidad sin duelo, producto de artificiosa emoción e ideología no menos evidente (tributo a Hollywood y su “American Way”) que, pongamos, La madre de Gorki. Cine industrial a favor de la Industria que lo hace posible, astuto brindis masturbatorio, Hollywood acartonado pero perspicaz y eterno. Film inflado, The Bad and the Beautiful, como pocos.