FLEMING Victor (1889-1949)

Treasure Island (La isla del tesoro) (1934: 9.0)

Wallace Beery interpreta a John Silver, uno de los grandes personajes de la historia de la literatura. Y del cine.

Jackie Cooper es el chico Jim Hawkins, con quien nos hemos identificado generaciones de niños y no tan niños.

Actores estupendos como Lionel Barrymore, Otto Kruger, Lewis Stone y Nigel Bruce completan el reparto de La isla del tesoro, dirigida por el despreciado Victor Fleming, que no es precisamente un don nadie (Lo que el viento se llevó, El Mago de Oz, Dr. Jekyll y Mr. Hyde).

Aprendizaje y decepción. Amistad y traición. Crecimiento y moral. Miedo y muerte y riesgo y valentía y dolor.

Grandioso e infravalorado cine. Dos actores maravillosos (Beery, Cooper): dos iconos del imponente Stevenson, uno de los autores más entretenidos y, al mismo tiempo, profundos.

Qué miradas, qué rostros, qué sonrisas y arrugas; qué planes de motín oídos por Jim desde el mítico barril de las manzanas. El ron de la posada de El Almirante Benbow. El prudente capitán. La indiscreción de Trelawney. El coraje del doctor Livesey. Qué dura es la vida: que se lo pregunten a Ben Gunn, abandonado durante años en la la isla del tesoro, dueño de un tesoro que es sólo para él y que, por eso mismo, no es tesoro mientras otros no lo contemplen. Lecciones de vida (centenares) en La isla del tesoro: algo tiene el mar, Viento en las velas, Master & Commander, etc. Lecciones de nobleza y pillería, de supervivencia y honor y horror. La decepción del aprendizaje: pero otra vida no hay. Y qué poco puede durar esa vida, sobre todo si a uno le pasan la legendaria mancha negra.

El tesoro está al final de la aventura pero la aventura es el mayor tesoro. La aventura, ¿o era la vida?

Escapa, Lone John Silver, hazlo ahora, huye, aprovecha un descuido de tus nobles captores, vive tu vida con dinero y una sola pierna, y deja al joven Jim en el barco: desolado, sabio y solo. Evita la horca, John Silver, y ve en busca de otra tripulación y otro barco (pirata o legal) y otro loro; en pos de otros alumnos de vida, traición, enigma y muerte.

Gracias, señor Fleming, por una de las mejores películas de los años treinta. Gracias, señor Fleming, por dotar de brío, emoción y dignidad (sin ninguna ínfula) a esta historia inmortal que nunca cansa y que me ha hecho vivir (como ha escrito Muñoz Molina en “Palabras venidas de tan lejos”, Babelia, junio de 2010):

 

…una sensación de intensidad, el estrecimiento de lo verdadero y único, lo que es irrepetible y secreto y sin embargo puede formar parte de la vida de cualquiera, lo que me sucede ahora mismo únicamente a mí y a la vez ha venido siendo común… desde que el mundo es mundo…

 

Y hasta siempre, John Silver.