VADIM Roger (1928-2000)

Et Dieu… créa la femme (Y Dios creó a la mujer) (1956: 5.5)

Al personaje de Brigitte Bardot en Y Dios creó a la mujer la define la sinopsis del DVD como “ninfómana”, lo cual no parece el término más adecuado. Es indudable que a la chica le gusta divertirse y tontea con los hombres, pero de lo que vemos en la película no puede deducirse que la chica esté todo el santo día copulando con señores de distintas edades, tamaños y sudores. Seamos justos con el animal más bello del mundo.

54 años después (escribo desde agosto de 2010), puede sostenerse que si Dios creó a la mujer a su imagen y semejanza, y esa imagen es la de Brigitte Bardot, entonces a uno (aún sabiendo que las apariencias engañan) le apetecería hacerse creyente ya mismo. La Bardot, vaya, está como Dios: espléndida de pies a cabeza, pasando por sus bellísimas piernas y esa cara tierna y viciosa de sus veinte añitos. Bardot montando en bici, Bardot abriendo la toalla para que la abrace un incrédulo Trintignant, Bardot tumbada y mojada sobre la arena de la playa. Son razones de peso para ver y paladear una película que, sin embargo, contiene diálogos ridículos, personajes estereotipados (en especial el fantoche y solemne “businessman” perpetrado por el olvidable Curd Jurgens) y una “moral” fofa, por no decir algo peor.

En el lado positivo, en cambio (además del monumento que constituye Bardot de principio a fin), la película es bonita en sus colores del mar y el cielo y se deja ver con cierto interés en la medida en que se adhiere al atractivo subgénero, típico en aquellos años, de los pueblos (franceses, españoles o italianos) de trabajadores (pescadores, agricultores, etc.) “encantados” por la presencia de un bombón impredecible que vuelve locos a los hombres pero que va a lo suyo (Pan, amor y fantasía, El extraño viaje, La ley, Arroz amargo, etc.).

Por otra parte, no es fácil llegar a entender por qué un film tan, en suma, tontorrón como Y Dios creó a la mujer es considerado por algunos estudiosos (y por otros pedorros) como precursora o, incluso, obra fundacional de la Nouvelle Vague… Es cierto que la liberalidad e independencia en las costumbres sexuales de algunas mujeres jóvenes era un aspecto, sin duda, que relacionaba la película de Vadim con títulos míticos de los años sesenta; también el irresistible (aunque no “cool”, como lo será en Godard) mambo que se marca Bardot en una de las escenas finales del film tiene un algo de atrevido, sexy y caprichoso.

Pero, por el contrario, hay un elemento de la obra, que es su carácter reaccionario, formulaíco y de “cliché” que, la verdad, poco tiene que ver con Jules et Jim o Bande à part, por nombrar dos títulos inalcanzables para Roger Vadim: posiblemente, dicho sea de paso, uno de los tipos más afortunados de la historia. Del cine y de la carne.