GIL Rafael (1913-1986)

Eloísa está debajo de un almendro (Eloísa está debajo de un almendro) (1943: 2.0)

Pomposamente inane, dolorosamente escapista, presuntuosamente absurda, humorísticamente sin ninguna sustancia, Eloísa está debajo de un almendro, dirigida por un joven Rafael Gil en 1943, me parece a día de hoy (agosto de 2010) un polvoriento cachivache.

Escribe Antonio García-Rayo, en uno de los textos que acompañan al DVD, que el guión y los diálogos de Eloísa está debajo de un almendro son “impecables”. El adjetivo no podría ser más sospechoso.

Añeja, prescindible, indefendible, esta obra de Jardiel Poncela es, incluso, atacable desde casi cualquier punto de vista. Este artificio total, exacerbadamente locuaz y refitolero contiene menos chicha que cinco minutos (elegidos al azar) de cualquier comedia de Jerry Lewis (que, en lo que a mí respecta, tampoco era ningún genio). Y en sus únicos tres o cuatro segundos de cierta chispa se diría que pretende ser una fofa y extravagante parodia de, ay, Rebecca. A años luz del existencialismo sin red de un Beckett o la deriva hilarante de un Ionesco, no se me ocurre ningún motivo por el que habría, hoy, que reivindicar películas como ésta. Añadamos que, si no fuese porque conocemos mejores títulos (que los tiene), apetecería olvidarse para siempre de Rafael Gil, director de esta diarrea mental sin pies y (lo que es peor) cabeza. A su lado, una línea de Mihura parece de Heidegger.

Conclusión y decepción. Ni desde mis peores expectativas me esperaba yo este (repito) cachivache descerebrado y ridículo, esta no-fusión de terror criminal y comedia surrealista (ah, el prestigio machacón del surrealismo): en lo que a mí respecta, se trata de un naufragio sin supervivientes, incluyendo a sus actores estrella, Amparito Rivelles y Rafael Durán, a quien recordaremos por otras voces y otros ámbitos algo menos impecables.