CASSAVETES John (1929-1989)

The Killing of a Chinese Bookie (El asesinato de un corredor de apuestas chino) (1976: 9.0)

Prólogo. El largo adiós (Altman, 1973), La conversación (Coppola, 1974), La noche se mueve (Penn, 1975). Y El asesinato de un corredor de apuestas chino, del independiente John Cassavetes. Admirable y tenebrosa tendencia en aquel cine norteamericano (en Francia Sautet hizo alguna película de similar calado): esos hombres carismáticos y solos, en peligro de muerte sin saber muy bien por qué. O sabiéndolo pero intentando olvidarse del asunto: cuando lo cierto es que los malos de la trama (tan ambiguos) nunca van a olvidarse de un asunto feo, una deuda no pagada. Sobre tipos nada frágiles y sí carismáticos como Elliott Gould y Gene Hackman no sabemos si sufren mucho o poco, pero la verdad es que no viven tranquilos ni un minuto; más bien, están perplejos ante su propia mala suerte o su falta de entendimiento del mundo en que viven.

Trama. En The Killing of a Chinese Bookie un extraordinario y absorbente Ben Gazzara es uno más entre esa raza especial de hombres que parecen buenos (y se ganan al espectador). Regenta un cabaret de strip-tease y pierde una alta suma de dinero en el juego. Problema a la vista. Sus guapas chicas lo apoyan (una es su novia) pero el lío lo tendrá que resolver él solo (siempre solos, estos hombres), matando a un corredor de apuestas de chino. Matar para vivir.

Comentario. La mafia, el dinero, la inmoralidad. Un submundo de chicas atractivas con escasa ropa encima y de tipos muy duros con el gatillo fácil. Realismo sucio, captado, construido por Cassavetes de manera (en apariencia) tan informal y despreocupada (la cámara moviéndose, los desenfoques, el neón y el humo) como asombrosa. Qué dominio de espacios y de tiempos. Para Cassavetes, un moderno, la puesta en escena ya no era la madre de todas las batallas. Cassavetes se sostenía en los ritmos cortados, movidos, editados (imágenes, sonidos), la sincopada sucesión de secuencias, la cámara ligera y registradora de los movimientos y rictus del gran Ben Gazzara y del ambiente que lo rodea: ambiente sensual y criminal; atmósfera de pechos al aire y naipes arriesgados; malas calles y barrio chino. Alcohol, música envolvente y un maestro de ceremonias, ese Mr. Sophistication (interpretado por Maede Roberts) que le pone rostro atormentado, melodía decadente y aroma fassbinderiano a la trama y al crimen. Uno esperaría ver surgir de cualquier calle a uno de los prostitutos “underground” de Warhol y Paul Morrissey, acaso Joe Dallessandro. Pero Cassavetes era demasiado masculino. Así pues, estamos ante tipos duros, chicas semi-desnudas, un público que exige ver carne, unos matones que exigen su dinero, un Cassavetes que exige que se le haga caso: de ahí su furia estética, su elegancia irresistible y su desencanto moral.

Epílogo. La veterana escritora sueca Maj Sjöwall le expone a A. Rizzi en El País (septiembre de 2010) su visión actual del mundo: “Me parece que hay una deriva hacia un cada vez mayor egoísmo. Nos da igual lo que le ocurra a los demás. Somos más consumidores que ciudadanos… Es una sociedad cada vez más inhumana”. Gazzara, en la imagen última de la conmovedora, excéntrica, sucia y pegadiza The Killing of a Chinese Bookie, debió de pensar lo mismo. Aunque él era otro ángel de cara sucia.