WELLES Orson (1915-1985)

Citizen Kane (Ciudadano Kane) (1941: 9.0)

TOLSTOI/ KANE. En el capítulo XXIII de Ana Karenina (traducción al español de I. y L. Andresco), una chica llamada Kitty, se diría que hipnotizada y obsesionada con la protagonista de la inmortal novela rusa, tras observarla fascinada y casi asustada, en el trascurso de un baile, durante un buen rato, piensa:

 

Desde luego hay algo extraño, diabólico y encantador en ella.

 

PAZ/ CIUDADANO. En el capítulo II, “La democracia imperial”, incluido en el libro de artículos Tiempo nublado (de principios de los años ochenta), Octavio Paz dejó anotado lo siguiente en torno a la decadencia y el progreso:

 

Los prestigios de la decadencia, aunque menos pregonados, son más urbanos, sutiles y filosóficos que los del progreso: la duda, el placer, la melancolía, la desesperación, la memoria, la nostalgia. El progreso es brutal e insensible, desconoce el matiz y la ironía, habla en proclamas y consignas, anda siempre de prisa y jamás se detiene, salvo cuando se estrella contra un muro. La decadencia mezcla al suspiro con la sonrisa, al ay de placer con el dolor, pesa cada instante y se demora hasta en los cataclismos: es un arte de morir o, más bien, de vivir muriendo.

 

MOISÉS GÓMEZ/ KANE/ WELLES. En un poema en prosa publicado en el suplemento cultural El Filandón (Diario de León, octubre de 2010), el poeta Gaspar Moisés Gómez escribe líneas como éstas:

 

No voy a salir de mí mismo, ni hoy ni ayer ni nunca. Siempre a la expectativa de algo que no ocurre, pues soy mi propia máscara y mi negación.

Como el mismo Dios, yo imagino que tengo infinidad de personas en una.

 

BOYERO/ CINE CON HALO. En su crítica sobre Citizen Kane escrita hace un cuarto de siglo (en Diario 16, 1985), rescatada en el Diccionario de películas del cine norteamericano, Carlos Boyero apuntaba:

 

Ciudadano Kane está marcado por el halo molesto de lo intocable, lo pomposamente sagrado, lo reverencial, lo trascendente.

 

COUSINS/ WELLES/ KANE. En el capítulo cuarto (titulado, opino que sin mucha lógica, “Japanese Classicism and Hollywood Romance”) de su muy discutible The Story of Film, Mark Cousins se refiere a Citizen Kane en términos pertinentes tales como (traduzco del inglés): “uso expresionista del enfoque profundo”, “distorsiones visuales”, “perspectiva exagerada”, “experimentos espaciales extravagantes”, “genio”, “jugar con el espacio visual”, “Shakespeare”, “egocentrismo”, “vacío espiritual”, “ideas colosales y vacuas”.

SERRANO (modestamente)/ NO TRESPASSING. Este Ciudadano Kane, visto en octubre de 2010 (mi cuarto visionado, creo), no me emociona y me deja admirado y muy frío. Se antoja sobre todo un brillantísimo y ambiguo (moral y políticamente) ejercicio de virtuosismo fílmico. Un artefacto milimétrico, sobresaliente, jugoso, megalómano y turbio. Un engranaje asombroso donde una fotografía exhibicionista, una estructura novedosa, unos originales y preciosistas movimientos de cámara, unas intensas interpretaciones, un formato entre el reportaje de lujo, la biografía exacerbada y el “thriller” de enigmas e investigaciones se ensamblan de manera gélidamente perfecta. Ciudadano Kane empieza casi como un film de terror y misterio, como la Rebecca de Hitchcock (de un año antes: y con la que comparte más de un aspecto de interés) y luego deriva hacia el petulante periodismo de investigación y el ficticio glamour de la decadencia y el progreso, adelantando en varios lustros algunos de los asuntos que luego trataría suntuosamente Resnais en El año pasado en Marienbad (o Xanadú). Welles, Toland, H. Mankiewicz, Herrmann, Wise. Suma y fusión de indiscutibles talentos en una grandiosa obra sin alma pero digna de todo elogio. Pero cambiemos el orden de los factores: una grandiosa obra digna de todo elogio pero sin alma. No sé si me explico.