SEIDL Ulrich (1952-_)

Import/ Export (Import Export) (2007: 9.5)

Bienvenidos a otra Europa, bienvenidos a Ulrich Seidl y su Import/ Export.

Máquinas tragaperras, enfermos terminales, perros agresivos, enfermeras sádicamente celosas, night-clubes que son prostíbulos, la dictadura de un niño pijo, la miseria del chabolismo ucraniano, la inhumana frialdad del metro vienés, las peleas por deudas impagadas, la abuela que llora y el bebé que se quedá sin mamá, la nieve eterna, los patéticos entrenamientos marciales, el porno abrumador en Internet, la pobre ucraniana desnuda y a cuatro patas, la fiesta de disfraces de los viejos seniles, noches gélidas en el interior del camión, la limpieza de hocicos del perro disecado, el ataque al corazón del futuro marido octogenario, el lenguaje soez y adúltero del padrastro, el dedo en el coño; ni miedo ni esperanza.

El protagonista de la estupenda novela Old School (de Tobias Wolff) se pone repentinamente enfermo (una gripe grave) tras leer un pasaje de El extranjero de Camus, todo ello después de haberse pasado las semanas anteriores engullendo repetidas veces los lemas de “voluntad de poder”, “ganadores” y “fracasados” en el influyente libro de Ayn Rand The Fountainhead. De pronto el deseo de triunfar por encima de todos, el desprecio por aquellos aburridamente rutinarios, conformes, estables pero sin iniciativa, en suma, todos aquellos pensamientos que el famoso libro de Rand le había inyectado en vena, se le cayeron al suelo, ridículamente, víctimas de una enfermedad indigna de un hombre atrevido, colosal, despectivo y superior, el aprendiz de superhombre.

Para tipos despiertos, europeos y contemporáneos como Ulrich Seidl la literatura de autores como la norteamericana Ayn Rand es algo así como Caperucita Roja o Los 3 cerditos. Creencias dogmáticas en el individuo-burbuja, el que ha de dominar a los otros porque se esfuerza más y cosas así. Que venga Rand y les explique a los protagonistas de la estimulante y terrorífica Import/ Export por qué su vida no va tan bien como a ellos les gustaría.

Acaso porque todo parece reducirse a importar y exportar. A ganar dinero: como sea. A prostituirse: por el dinero rápido. A dejarse humillar por el dinero, o porque el que puede, se siente obligado a mostrar (con fuerza) su posición elevada en la jerarquía social. El sexo es poder y es humillación y es prostitución. Aquí no vemos apenas placer ni compromiso. El sexo, en concreto en parte de la Europa del Este (y frontera con el Oeste), como valioso material de trueque con los viciosos o, simplemente, los tipos normales de la Europa del otro lado, tipos como tú y como yo.

Import/ Export será cualquier cosa, pero no es una tontería. No es ninguna broma. Es un film afilado como un cuchillo. Un latigazo en la espalda de nuestra buena conciencia. Como una cámara oculta, documental, precisa que robara planos, imágenes, secuencias a pedazos de vidas en Ucrania y Austria, Europa, mundo occidental, siglo XXI. Dos personajes tan creíbles que resulta irrelevante opinar si son buenos o malos actores: son demasiado reales. Ella se llama Olga en la película y Ekateryna Rak fuera de la misma. Él se llama Paul Hofmann en la realidad y Paul en esta obra maestra del austríaco Ulrich Seidl.

Un cine sin telarañas que abomina de la distorsión terapéutica, que reniega de las profundidades trascendentales del ser humano; un cine que hurga en las relaciones comerciales, las relaciones de jerarquía y poder; un cine sobre el malestar generalizado, una radiografía sin adornos sobre una perturbación que no puede pasar desapercibida. Un cine tan realista e inmisericorde que parece un subgénero del cine de terror. El terror político y sociológico, ciertamente; dejémosle la psicología simplista a los pérfidos seguidores de Ayn Rand, pijillos sin escrúpulos.

Algo tiene en común este cine, y sin salirnos del año 2007: La cuestión humana (Klotz), Promesas del Este (Cronenberg), Yo (Cortés), Antes que el Diablo sepa que has muerto (Lumet), Borrachera de poder (Chabrol), Pozos de ambición (P. T. Anderson), Garage (Abrahamson), La mujer cortada en dos (Chabrol). Por no mencionar el cine entero de Haneke, o el de Cantet, o tremendas y recientes promesas del oeste como Morscholz (Müller), Gomorra (Garrone), Fish Tank (Arnold) o Frozen River (Hunt). Un cine de izquierdas que no menciona Arcadi Espada en su disparatada lista: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro/2010/10/10/b20-de-peliculas-de-izquierdas-sin-orden.html. Posiblemente porque no interesa alentar las izquierdas que no sean las folclóricas de los Hugo Chávez y Oliver Stone de turno.

De vez en cuando no nos vendría mal revisar Import/ Export (que, conste, también incluye momentos de gran humanidad y empatía) para provocarnos una merecida gastroenteritis.