VAJDA Ladislao (1906-1965)

Es geschah am hellichten Tag (El cebo) (1958: 9.0)

El cebo es, como suele decirse, un clásico indiscutible del cine español, aunque su título y lengua original estén en lengua alemana. Es geschah am hellichten Tag: es decir, “sucedió a pleno día”. Clásico del cine español dirigido por el gran Ladislao Vajda, autor de Marcelino pan y vino, Tarde de toros o la extraordinaria Mi tío Jacinto.

Clásico del cine español (y tan influyente en títulos de misterio con psicópata y niños) dirigido por un realizador húngaro, protagonizado por el excelente actor alemán Heinz Rühmann y el también alemán Gert Fröbe (el hombre que fue Goldfinger), además del actor suizo Michel Simon y la estupenda actriz española María Rosa Salgado. Por si fuera poco, la acción tiene lugar en Suiza, país en el que termina quedándose el inspector Matthäi (Rühmann), rechazando nada menos que un trabajo en ¡Jordania! El cebo es un clásico de las coproducciones, del cine humilde pero cosmopolita, y del cine con mayúsculas.

Caperucita Roja y Frankenstein se dan la mano en esta admirable y mágica película sobre un psicópata, un inspector y una niña que dibuja a su asesino como un gigante que le ofrece pequeños erizos. El tipo de obra con “aura” que, como la británica Cuando el viento silba (Forbes, 1961) o la norteamericana Matar a un ruiseñor (Mulligan, 1962), contienen un cóctel irresistible conformado por niños y bosque, inocencia y amenaza. La amenaza del hombre del saco y del bosque de donde surge (con El espíritu de la colmena Erice alcanzaría la más alta excelencia, versionando el mito de forma más cerebral, menos cálida, más metafórica).

Todo funciona a la perfección en El cebo: intérpretes y personajes (de los que sabemos muy poco, por ello resultan más enigmáticos y estimulantes); un simpático y tenebroso guión y un trabajo de dirección realista, sobrio, inmaculado; además, se aprecia un tono muy peculiar, entre el riesgo latente y el humor seco e inesperado. El cebo es un insólito hallazgo tanto en 1958 como en 2010.

 ¿Quién puede matar a un niño?, se preguntó con gran agudeza visual y ambigüedad moral Ibáñez Serrador. Nada hay más horrible que asesinar a un niño. El que lo hace encarna el Mal o la Locura, etiquetas resbaladizas pero que es menester utilizar de vez en cuando.