POWELL Michael (1905-1990) / PRESSBURGER Emeric (1902-1988)

The Life and Death of Colonel Blimp (Vida y muerte del Coronel Blimp) (1943: 9.0)

Frente al horror cotidiano… Andy Warhol anega las páginas de periódicos, los minutos de reportajes televisivos. Ese señor repelente y banal como una fregona ha triunfado de una manera absoluta: muchos expertos (que no quieren seguir estudiando) lo consideran el artista más importante del siglo XX. Lo peor es que quizá sí lo sea: importante en relación a su influencia posterior. Aunque sea nefasta, como es su caso. Hoy día se intensifica la ofensiva de millares de artistas que enarbolan la bandera Pop de Warhol para justificar sus naderías. El periódico ADN, a principios de noviembre de 2010, incluye un artículo (¡otro más!) sobre Warhol, con motivo de la publicación de un libro que contiene las “respuestas del pintor a lo largo de tres décadas”. Leer algunas de esas supuestas “genialidades produce estupor, vergüenza ajena, grima y ganas de mandar, de manera definitiva, el Arte Pop a la concha de su madre.

…Una humilde sugerencia. Una de las múltiples opciones para huir del consabido marchamo superficial y súper-guay de los iconos culturales que más se prodigan en el presente es refugiarse, con una sonrisa en la cara, en el gracioso, estrafalario y sentimental cine clásico de los señores Powell y Pressburger, dos auténticos originales del séptimo arte. El británico y el húngaro optaban por una deliciosa narración omnisciente, demostrando una enorme capacidad de contar historias como modestos dioses y de dotar de alma risueña a sus conmovedoras y carismáticas criaturas.

La vida y muerte del Coronel Blimp es una obra que rebosa romántica elegancia y dramática ligereza. Son más de dos horas y media de película pero pasan como un suspiro: un suspiro alegre y triste, desengañado y, pese a todo, optimista. De mirar al frente. De honor y dignidad en la salud y la enfermedad: hasta que la muerte los separe. Como el personaje del Coronel Blimp, el cine de Pressburger y Powell jamás juega sucio, es valiente y diáfano pero no cargante, y contiene un caluroso humor que adorna un jovial pero sólido patriotismo. Patriotismo inglés, ciertamente (frente a los alemanes y, más aún, contra el enemigo nazi), pero teñido de un suave y razonable patriotismo humano: hasta en la guerra (y en el amor) tiene que haber reglas que han de respetarse. Lo contrario es caos y codicia y maldad y sopas Campbell.

Actores sobrios y leves como plumas: espléndidos Roger Livesey (Blimp), Anton Walbrook (su inolvidable Theo Kretschmar-Schuldorff), y una jovencísima Deborah Kerr (con cierto parecido a la joven Ingrid Bergman), en tres papeles diferentes. Estos tres actores estratosféricos (además de los secundarios) reman en una misma dirección, consiguiendo una obra bella y honda, a poco que rasquemos. Una historia de una amistad y una obsesión, de un amor y de varias guerras. De una sola mujer (Kerr) reencarnada en tres personajes. Y de dos personajes (Livesey y Walbrook) en busca de esa mujer de la que están eternamente enamorados (como Stewart de Novak en Vértigo).

Trama episódica y desequilibrada, alucinantes elipsis (a través de hojas de calendario, mediante cabezas de animales cazadas por todo el mundo y fechadas con su año, etc.), suntuoso dominio de los espacios. Brillantes virtudes de Powell y Pressburger. Se trata de un film, a su manera, fordiano (por su estructura y su elegía y tributo militar): como Escrito bajo el sol o Cuna de héroes (en su elegía y tributo militar), ambos posteriores a este peliculón de Powell y Pressburger.

Agradecimientos: En entrevista en El País (octubre de 2010), decía la muy inteligente directora española Icíar Bollaín (a preguntas de Rocío García): “…creo que hay demasiado cine que no dice nada”. Por eso recomiendo, también, La vida y muerte del Coronel Blimp: porque dice muchas cosas. Es una obra, por cierto, sobre la que leí por vez primera hace ya bastantes años (escribo en noviembre de 2010), a raíz de un intercambio de artículos de los escritores J. Marías y A. Pérez-Reverte en la revista El Semanal. Sin las alusiones de Marías y Pérez-Reverte es probable que nunca hubiese descubierto por mi cuenta esta maravillosa obra. Así que gracias a Blimp-Marías y Kretschmar-Reverte por este cine sin muerte y esta mejor vida.