EISENSTEIN Sergei M. (1898-1948)

Stachka (La huelga) (1924: 8.0)

-Contemporáneos de Eisenstein: Griffith y Chaplin, Vigo y Godard, Walsh y Rossellini, Dziga Vertov y Soy Cuba, Brecht, Visconti, Marx e (irónicamente) las noticias diarias de la cadena televisiva Telemadrid. Escribe, más o menos a este respecto, J. Álvarez Barrientos (“Cuestión de estilo”, suplemento de cultura de ABC, febrero de 2008):

 

Si el panfleto es un modo de hacer, si se caracteriza por su estilo, entonces retrata a quien lo escribe, dibuja al tipo de individuo capaz de componerlo: alguien rebelde e inconformista, quizá con una visión trágica y trascendente de la vida, que le proporciona intransigencia y la cólera necesaria para levantar una catapulta de palabras contra lo establecido.

 

*PROLETKULT. El grupo en el que se desenvolvía el joven Eisenstein, con gentes como Maxime Strauch, estrecho colaborador, o Edouard Tissé, su espléndido director de fotografía. “Tal como la concebimos, una obra de arte es ante todo un tractor que labra a fondo el psiquismo del espectador, en una determinada orientación de clase” (en las “notas” del DVD, palabras de Strauch o Eisenstein).

-Realizada durante 1924, estrenada en la URSS en 1925 y, por ejemplo, en Francia en 1967, cosa que a tantos sabios no les parece “censura” sino “oferta y demanda”.

-La masa, personaje colectivo. Hay que estar organizados, decía Lenin. Los trabajadores de La huelga intentan unirse para ser fuertes, ser UNO frente al poder zarista. Eisenstein recordaba siete años después del triunfo de la Revolución las penurias, combates y sacrificios que el pueblo ruso hubo de sufrir antes de derrocar al ejército del Zar.

*...”el panfletario es un utopista o alguien que se siente a disgusto y que, desde la ingenuidad o la fe en que se pueden cambiar las cosas, propone una alternativa” (Barrientos). La alternativa eisensteiniana corría a favor de los tiempos, hecha a posteriori con el propósito de que no se olvidara la lucha proletaria, que no hubiera tentaciones capitalistas en la Rusia de los años 20, huir como de la peste de una regresión indeseable.

-Qué inventiva, en La huelga. De aquí surgió el primer Godard. Cada plano es sustancial, parte integrante del manifiesto. Personajes-símbolo, caricatura o remarcado estereotipo. Ni teatro ni literatura, triunfa el Cine: un cine poético-dialéctico, satírico y panfletario, exagerado y pedagógico, expresivo y hasta expresionista.

-Qué tensión. Nada de esparcimiento (¿reaccionario o el ocio de las clases medias explotadoras?). Ni en los personajes ni en Eisenstein y su compañía: la historia es ejemplarizante, todo componente está ahí por algo, con el fin de ilustrar con enorme fuerza el objetivo o reforzamiento perseguidos. Piezas de un mecanismo que se quería perfecto, revolucionario y sin vuelta de hoja.

*Ahora es peyorativo. Se dice: “eso es un montaje”. No es verdad sino ficción, no es sincero sino un disfraz y una actuación para encubrir otros hechos, para tapar otra realidad. ¿Qué cine no es montaje? Eisenstein, en efecto, iba de cara, sin disfraz: buscaba lo que buscaba, mientras hoy tanto cine y muchos audiovisuales están tan impregnados en el molde cognitivo de los espectadores (los clientes de la Producción) que parece que eso es “lo normal”, lo entretenido, lo valioso. Lo único que se me ocurre, en la actualidad, que sin caretas ni eufemismos pone sobre la mesa su propio “montaje” manipulador, interesado y creativo acerca del mundo real es la cadena pública Telemadrid. Quien no la ha visto, no se la puede ni imaginar: ¡viva el panfleto televisivo con Currey Valéinzenstein y Fernandei S. Draguénsestein!

-Aquellas estrategias cinematográficas, el obvio montaje y las poderosas metáforas visuales se hacen, a la postre, reiterativas, cansinas. Nos fagocita eso de la arrogancia en la fe revolucionaria, eso de la fe en la arrogancia comunista frente a la zarista desfachatez.

-Han mejorado las condiciones, claro que sí. El cruel capitalista con puro y sombrero se ha extinguido. ¿Perros, collares? Nos deslumbra el “light management”, con sus Recursos Humanos y sus “redundancy packages”. Tanto en el plano laboral como cinematográfico. A mi hermana la echaron antes de ayer del trabajo. De una día para otro: adiós. La empresa (filial de una multinacional USA, qué raro) va mal y, con gran dolor de corazón, le pide a sus empleados que se busquen la vida. Finiquito y paro. Adiós. Han mejorado las condiciones, sí. En Madrid decenas de miles de personas, inmigrantes y españolas, malviven con sueldos por debajo de los mil euros, con alquileres angustiosos (mi piso de 31 metros cuadrados, 700 euros). ¿Jornada de ocho horas, indiscutible? Los de las empresas privadas, ni de coña: 9 o 10 o 11, lo que se tercie. Nadie desea quedar mal delante de los jefes. Hay cosas que no han cambiado. ¿Pagar horas extras? ¿Para qué? Tú te debes a tu empresa: comprométete con ella como ella ha hecho contigo; o contratamos a otro y amén. Sois intercambiables.

*Según J. María Caparrós Lera y otros historiadores (en el siempre interesante suplemento cultural de ABC, febrero de 2008), Eisenstein formaría, con John Ford y Chaplin, la tríada de genios más indiscutibles de la historia del cine. No está mal. Desde el aquí y el ahora, desde mi ordenador y mis desordenadas percepciones, añadiría: Godard, Hitchcock, Buñuel y Rossellini (acaso Pasolini, Lang, Neville, Hawks, Welles y Vigo), que por ahí andan.

-Festival de virtuosismo dinámico y visual al servicio de una causa o, retrospectivamente, al servicio de sí mismo (con sus alturas y achaques). Insertos furiosos, furibundo movimiento, rostros tremendistas, patetismo de humo, bigotes y vertederos; las pasiones y anhelos de aquel pueblo ruso en imágenes desmedidas: artilugios y maquinaria y mangueras paralizantes; narración no lineal sino sincopada, dialéctica, digna de cartel y libelo y desahogo personal. ¿Y el inconsciente colectivo? ¿Y qué hay de la asombrosa eficacia? No hoy: su “punch” político choca con la ausencia absoluta de sutileza (absolutismo). Por lo poco que conozco, en la actualidad, y en un plano infinitamente más pedestre y funcional, sólo los informativos de la FOX, Telemadrid o Libertad Digital retienen aún una fe tan fanática en los beneficios a corto plazo del montaje de atracciones y la parábola visual.

-Cine rojo... y negro. La revolución y el “film noir” de perseguidores y perseguidos, de desdentadas viejas de negro y niños hambrientos y sonrientes de los “slums”. Fin de una forma de vida elitista, aristócrata y decadente, que recuerda al cine de Visconti y a Soy Cuba (que pretendía idénticos resultados de “reforzamiento revolucionario” en la isla de Fidel Castro y Cabrera Infante). Paralelismos en la composición del plano y en la concatenación de los mismos. “Paralelismo” podría ser el nombre de una vanguardia poco o nada estudiada.

*...el panfleto, con frecuencia, además de un estilo, es el anuncio de una batalla perdida” (Barrientos, misma fuente). Esto, ahora, se dice bien y rápido. PAUSA.

-La parte 5, a ritmo de jazz (al menos, en esta versión restaurada), con gatos ahorcados y registros de “slapstick”, cuando los trabajadores planean la contestación frente al rechazo de sus reivindicaciones, es puro Godard (el Godard joven, el más impuro).

-Ráfagas como de un Rossellini a cámara rápida: presa de un mayor agarrotamiento, con más prisa y menos pausa, menos ideas y más ideología, más fuerza pero menos confianza en la realidad “real” (sin apliques, sin ser una imagen “editada”), con mayor tesón y similar fe.

*Espeluznante. Un bebé arrojado desde lo alto. Una vaca abierta en canal. La sangre proletaria. Símbolos y metáforas; brutalidad, como se suele decir, basada en hechos reales: vaya carnicería. “¡Recordad, proletarios!”, es el intertítulo final. Y podría ser el principio.