BERLANGA Luis García (1922-2010)

El verdugo (El verdugo) (1963: 10.0)

HUMOR NEGRO. El humor negro, que satiriza secamente y sin compasión grandes y espinosos temas como la muerte (o el amor, la amistad, la guerra, etc.), es la bandera ideológica de Berlanga y Azcona en El verdugo. El humor negro, que ayuda a relativizar momentos escabrosos y dramáticos, haciendo sangre y riéndonos con la sangre, de la risible sangre. El humor negro, presente de principio a fin en la portentosa El verdugo, una de las mejores películas de la historia del cine. El humor negro, de una enorme brillantez en la cultura española: Chumy Chúmez, Gila, Manuel Summers, El Roto, por ejemplo. Genios del patetismo, de la representación de la realidad de forma cómica, hiperbólica, hiperrealista y terrible.

FELLINI. ¿El verdugo, reverso de La dolce vita felliniana? Hay motivos para pensarlo: y no sólo por el último y estraño plano, jóvenes de buena familia que se van a navegar al mar escuchando la música de moda (mientras el recién estrenado verdugo y su familia se retiran prudentemente del plano). De los problemas más o menos existenciales de los privilegiados que, a veces, se aburren de tedio, en Berlanga pasamos a los problemas sociales, vitales, morales de aquellos con escasos privilegios que buscan sobrevivir en un mundo pícaro, burocrático, gris y cruel. La Fontana de Trevi está a años luz y Anita Ekberg no es sino un macilento póster.

ANTONIONI. El Berlanga más antonioniano, el de El verdugo. El empleo de los espacios para catalogar a los personajes, perdidos en su vacío o amargados por su (justamente) falta de espacio físico donde respirar, donde ser más libres. La verborrea berlanguiana a veces es más terrorífica que los silencios de Antonioni: en ambos casos se revela una incapacidad para comunicar nada.

BERGMAN. Frente a la angustia bergmaniana, está el malestar berlanguiano. Un malestar constante que nace de una insatisfacción frente a las condiciones reinantes, que inhiben al individuo, lo restringen, lo obligan a capitular y a buscarse maneras melindrosas o mezquinas de seguir hacia delante. El malestar berlanguiano, el de la perturbación y la desconfianza y el descreimiento; y, pese a todo, sobrevuela una cierta actitud de bondad y piedad respecto de los personajes que integran esta trama inmortal, entre kafkiana y camusiana, por la que circulan algunos de los mejores actores del cine español: José Isbert, José Luis López Vázquez, Emma Penella, Julia Caba Alba y otros, además del excelente italiano Nino Manfredi, verdugo a su pesar. “No lo volveré a hacer”, asegura al final. “Ya, eso mismo dije yo la primera vez”, le responde, más sabio que las montañas, el risueño abuelo José Isbert, con un niño entre los brazos, contemplando el ancho mar.