HAWKS Howard (1896-1977)

His Girl Friday (Luna Nueva) (1940: 8.5)

VERY WILD THINGS. Luna Nueva (¿por qué se llama Luna Nueva en español?) es una comedia salvaje. De comedia romántica no tiene ni el besito de buenos días. Se ríe de todo y de todos. Hoy día sería políticamente ultra-incorrecta, pues dispara en todos los sentidos: contra instituciones, políticos, abuelitas, gacetilleros metidos a poetas, comunistas, muertos, enfermos, heridos; contra Hitler, alcaldes corruptos, inocentes muchachas, policías ineptos e incluso se ríe de un condenado a muerte: al contrario que Bresson, Hawks no le deja ni escaparse. Vaya tela. His Girl Friday (¿por qué se llama His Girl Friday?) es, en toda regla, un ataque verbal. Una película sin consideración ni respeto algunos. Una delicia irreverente.

GRANT/ GROUCHO. Brutal Cary Grant (aun sin despeinarse), desmedido, cínico, elegante, cruel, periodista desalmado. Habla como un látigo, estilo Groucho, despreciando a todos, acaso a sí mismo. ¿La verdad? ¿La objetividad del periodismo? Le importan un pito. Anhela la exclusiva y el sensacionalismo; huele la sangre. Insultante, gélido y genial, así está Grant en esta obra del gran Howard Hawks. Un Grant que prefiere pasar su Luna de Miel (¿se llamará por eso Luna Nueva?) en Albany (con Rosalind Russell), antes que en las Cataratas del Niágara, para no perderse una “story”, una portada que le dé sal y pimienta a su periódico.

HAWKS/ FINCHER. Pienso en la reciente La red social, de David Fincher. Diálogos como metralletas, también. En la de Hawks, se trata de un exitoso guión de Charles Lederer, basado en la historia de Ben Hecht y Charlas MacArthur (The Front Page, rehecha por Wilder). Ingenio contra ingenio. Argumentación inmediata, burla sarcástica, darwinisimo verbal, agresivo y legal.

Aquel cine desenvuelto y sin complejos, la comedia de los años 30 (“slapstick” y alrededores) y principios de los 40. Comedia loca, con toques hiperbólicos e inverosímiles, caracterizaciones exacerbadas, imposturas con mensaje: un audaz liberalismo (para lo bueno y lo malo) que ya presagiaba que en ese país un periodista sería capaz de derrocar a un presidente, o que un actor mediocre podría llegar a la Casa Blanca. Todo era posible pues el dinero (¿qué si no?) lo podía conseguir todo o, al menos, acercarse mucho. Mientras, en 1940 el hambriento periodismo sin escrúpulos ni veracidad ya se anunciaba (también en filmes de Capra) como la gran plaga que vendría a instalarse. Ese cuarto poder dominante del siglo XXI.

71 años más tarde, visto como está el patio, se diría que el caricaturesco e irresistible personaje interpretado por Grant es considerado en las redacciones de los periódicos (al menos, los españoles) como un gran héroe a imitar, no como el villano que fue. Y hasta aquí puedo leer.