VILLARONGA Agustí (1953-_)

Pa negre (Pan negro) (2010: 5.5)

España rural, posguerra, bosques misteriosos, los vencedores, los vencidos, algún cura cruel, los muchachos en el aula y su profesor (algo vicioso). Un niño pálido, guapo y de ojos intensos; una niña guapa con mirada de haberlo vivido ya todo; mujeres de negro, hombres toscos; un tipo (que parece) idealista, del bando de los vencidos. Violencia soterrada y también explícita. Gente de orden, tortura y pena de muerte. Un componente fantástico (subgénero del ruralismo mágico español): una leyenda en el bosque (otra sublimación del maqui) y unos que se visten de ángeles; naturaleza simbólica (pájaros) y un homosexual castrado en una cueva. Crueldad y miseria de todos los tipos. Una niña engreída e insultante del bando de los vencidos. El niño protagonista se hace mayor, se endurece por las mentiras de los adultos. Y una obligatoria escena de iniciación sexual preadolescente.

¿Hemos visto esto antes?

Ciertamente sí, aunque cada película contenga (faltaría más) sus propios matices; menos mal: por supuesto que hay bastantes elementos salvables en la sobrevalorada producción catalana Pan negro.

Dirigida por el poco prolífico Villaronga, en Pan negro (como en buena parte del cine español de la Transición) prima el tremendismo español, que viste paredes, pasillos, rostros, corazones y cavernas de forma negrísima, dolorosa, agresiva y siniestra. Dura vida, aquella, sin duda: pero en este cine, los personajes están casi siempre cabreados (o a punto de cabrearse) y hay continuos énfasis melodramáticos con el fin de que los personajes queden definidos con claridad; no vaya a ser que su fiel público se descoloque (aunque la historia contenga “twists” para hacerla más compleja y universal).

Quizá lo mejor de la película sea su entretenido y violento inicio, que termina ante el barranco. Ese inicio parecía prometer algo más emocionante, sorprendente y, al mismo tiempo, matizado. Por otro lado, mi imagen favorita de la película se produce al final, cuando la madre va a visitar a su hijo en el colegio de curas y, tras una conversación fría y distante, el niño la ve alejarse por el pasillo y echa el aliento sobre el cristal de la puerta, de manera que su madre se difumina, acaso para siempre.

Posdata 1. Película que huele a Premios Goya (escribo en enero de 2011). Es un tipo de obra española que, pese a algunos componentes artísticos y técnicos estimables (esforzados actores y atinada ambientación), es presa de tintes maniqueos, subrayados dramáticos, personajes estereotípicos y escasa personalidad. Es la clase de producto, vaya, que suele gozar de vítores en estos eventos y tener predicamento entre las obras galardonadas. Filmes menores (incluso míseros artísticamente) y mucho más demagógicos que el de Villaronga, como Obaba, Camino, El laberinto del Fauno, El orfanato o Salvador Puig Antich, han obtenido nominaciones y premios Goya hace pocos años. Así que, ¿por qué no Pan negro, que es (algo) mejor que todos los mencionados?

Posdata 2. ¿No es una pena que tantas películas españolas de los últimos treinta años se parezcan tanto al cine de tesis de los Montaldo o Pontecorvo? ¿No ha llovido ya bastante, leñe?