PASSER Ivan (1933-_)

Intimni osvetleni (Iluminación íntima) (1965: 7.0)

Iluminación íntima es una de las películas más relajadas que he visto nunca. Del mismo año, la encrespada e intensa La caza de Saura sería su perfecto contrapunto. Aunque acaso los objetivos de Saura y Passer, curiosamente, no fuesen tan distintos. 

El joven checo Ivan Passer dirigió Iluminación íntima con la idea de ilustrar el absurdo vital, la frescura juvenil y ciertos gestos de rebeldía tan locuaces como inútiles. Algo así viene a decir Fran Benavente en un estupendo texto incluido en los extras del DVD. Para una introducción a la película, basta con ver tres minutos en youtube.

Iluminación íntima es risueña y traía nuevos vientos a las cinematografías comunistas. La mayor parte de la película parece, en su “plot” y narración, bastante insustancial, incluso irrelevante. Pero seguramente eso es lo que quiso materializar Ivan Passer. Mi hermana, que dormía en el sofá tras una hora de película, se despierta y me pregunta: “¿Qué ha pasado en la peli?” Yo le respondo: “Pues nada”. Y no creo haber mentido.

El fin de semana en el campo de estos músicos (Zdenek Bezusek y Karel Blazek) que ponen ladrillos, se enfadan con las gallinas, comen y se emborrachan, y de esa chica guapísima con corte a la moda (la Sofia Loren checa: Vera Kresadlová) que tontea con el tonto del pueblo, juega con el gato y se ríe sin motivo es el fin de semana de gentes que se conforman con sus vidas tal y como son. Personas que acaso fuesen felices así. No le pidamos peras a los olmos.

La ironía se detecta desde el primer minuto. Como en los chistes de Forges, se combina la formalidad seria y burocrática de los artistas con las ganas locas de ser informales y absurdos, sacar la lengua, jugar con los niños, correr por el campo. En los años noventa, directores como Kusturica retomaron esa tendencia tan europea pero acrecentando el componente de humor negro. En Iluminación íntima, como en Trenes rigurosamente vigilados (1966), el humor es más bien blanco, aunque ciertamente el film de Menzel alcance mayor hondura y solidez que el de Passer.

La influencia de la Nouvelle Vague en este nuevo cine checo es indudable. Desde los peinados y las gafas de sol al entusiasmo juvenil y amoroso: ese besarse los pies, tan bonito. Desde la despreocupación narrativa hasta los apuntes anti-dramáticos. Todo era ligero y jovial en este cine; al tiempo que se sugería una apatía existencial y una cierta decepción con la sociedad y la política. Iluminación íntima es pequeña, modesta, breve y anti-épica. Un feliz (si bien, en efecto, algo insustancial) descubrimiento.