HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

Spellbound (Recuerda) (1945: 8.0)

En un sanatorio psiquiátrico estadounidense, en los años cuarenta, la doctora Ingrid Bergman y el doctor Gregory Peck se conocen e, irónicamente, de buenas a primeras no sabríamos asegurar quién de los dos goza de mayor equilibrio psicológico. Acaso ninguno...

Ambos parecen bastante timoratos y trastornados y, como se diría en el siglo XXI, disfuncionales. Pronto, sin embargo, se descubre parte del pastel: ella es una ingenua aun brillante doctora; mientras, Peck no sabe ni quién es: el pobre hombre está hecho polvo y sufre amnesia. Y se descubre que, en realidad, el doctor Peck no es ni tan siquiera médico… Lo único que sí es evidente (y aquí surge el Hitchcock romántico de Encadenados y de varias otras) es que Bergman y Peck se han enamorado; lo demás es un largo “McGuffin” de Hitchcock con el fin de que el amor no sea una tarea sencilla y feliz sino un tortuoso “thriller”. De dos tipos:

1)     Un thriller de hombre atrapado. Un hombre que vive su día a día a contrarreloj porque su vida corre peligro, porque desconoce su propia identidad, porque es un “falso culpable”, tema favorito en tantos filmes de Hitchcock. Películas estadounidenses de esos años como Ministerio del miedo (1944, Lang), ¿Ángel o diablo? (1945, Preminger), Dos en la oscuridad (1945, A. Mann), Detour (1945, Ulmer), Cloak and Dagger (1946, Lang) o Muerto al llegar (1950, Maté) retrataban justo eso: la angustia de un obsesionado hombre de buen ver que es incapaz de demostrar su inocencia o de alcanzar una justa felicidad. Al menos, hasta el Happy End; y no siempre. 

2)     Un thriller psicológico. Que vivió su apogeo en el Hollywood de los años cuarenta, el esplendor de Freud y el psicoanálisis. Multitud de obras como La mujer del cuadro (1944, Lang), La casa roja (1947, Daves), Pacto tenebroso (1948, Sirk) o Vorágine (1949, Preminger), además de algunas del propio Hitchcock, hacían un uso más o menos consciente (¡qué gracia!) de conceptos freudianos (complejo, culpa, trastorno, infancia, represión) para construir personajes (que parecían) complejos y al borde del abismo, la demencia. 

Leo y oigo, en todo caso, que (vista hoy) la psicología de Recuerda es simplista, plana, risible. Y seguramente lo sea: como la de Psicosis o Marnie. Pero argumentaré que al arte de Hitchcock le sobraban recursos para dar diez liebres por cada gato. Así, me veo obligado a exigir explicaciones: hace poco veía yo un capítulo de la serie In Treatment (realizada por el hijo de García Márquez), cuyo escenario, conflictos y temas son esencialmente psicológicos; me pareció toda ella predecible y bastante banal. ¿Es más compleja In Treatment, audiovisual del siglo XXI, que Spellbound, una película de 1945? Por lo que yo vi, diría que no; al contrario. Así que, chatos, menos risas paternalistas con respecto a Hitchcock, que no andamos precisamente sobrados de inteligencia emocional...Y menos lobos, modernas Caperucitas.

Por último, señalaré que para mí lo más absorbente de Recuerda es el apartado más puramente visual, más allá del guión, escenas o personajes. Como esos paisajes oníricos de Salvador Dalí. O esa ensoñación con trineos y nieve (¿influencia de Ciudadano Kane?).

En todo caso, es un alivio ver, en una época de obras cinematográficas (de influencia victoriana) sobre mujeres locas o, más bien, enloquecidas por señores malvados (Luz que agoniza de Cukor, Aguas turbias de De Toth…), cómo aquí Ingrid estaba algo más cuerda que un joven Gregory que era muy capaz de matar, en aquellos años, a un ruiseñor.

Pero, por suerte para él y para nosotros, Bergman ayudará a Peck a recordar. Y él recuerda. Y se sana.Y nos quedamos todos más tranquilos porque triunfa el amor. No seamos cínicos.