HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

Notorious (Encadenados) (1946: 9.0)

Hitchcock embarcado, como tantas veces, en una increíble historia de intriga internacional y complicado romance a tres bandas. Hitchcock ensayando Con la muerte en los talones. Hitchcock adelantando componentes siniestros (la relación madre-hijo) de Psicosis. Un Hitchcock más romántico que nunca, menos cínico, más blando: su fe en el amor casi conmueve en esta cinta. Como conmueve un Cary Grant que parece sufrir por desamor, decepcionado porque Ingrid Bergman acepte un trabajo de espía que incluye en el “package” enrollarse con Claude Rains. Como conmueve la propia Bergman, llorando de amor, decepcionada de que Grant no le dijera que la quería. Habría sido todo mucho más sencillo… ¡Pero nos habríamos quedado sin película!

Hitchcock en una de aquellas historias muy de Chesterton, incluso de Conrad: esos crueles y alucinantes malos del film, esa tertulia de nazis que no duda en cargarse a aquel de los suyos que comete el más mínimo desliz. Hitchcock en defensa de la democracia individualista, enfrentado a los colectivismos autoritarios. Hitchcock creyendo en un individuo que, pese a flojeras dramáticas y condicionantes sociales o políticos, siempre tiene un margen de acción. Para actuar. Para mojarse. Para errar o ganar. Para arriesgarse por la persona amada o por el país que nos ha visto nacer. Amor y patriotismo. Bella conjunción de sombras y luces, amores y terrores muy poco cotidianos. Y altas dosis de romanticismo y tremendo suspense.

Romanticismo: esa íntima torridez de besos y abrazos de Bergman y Grant; esos bellos encuentros en el parque. Suspense: esa escena con la botella de vino en la bodega de Alexander Sebastian (Rains); esas tazas de café (o infusión) que van envenenando a la pobre Bergman, en una exitosa tradición de los años cuarenta: la mujer a la que quieren enloquecer, enfermar y hasta matar los hombres que la rodean (y alguna mujer malvada). Y más suspense: Grant bajando las escaleras con Bergman en brazos, temiendo que todo se vaya al garete: que pierda su propia vida y la de la mujer que ama.

En realidad, parece que el Amor es más fuerte que el Patriotismo. La ligera de cascos Bergman (“notoria” en inglés es muy peyorativo) arriesga su vida por la causa. El herido e irónico Grant arriesga la suya por su causa: que es Ingrid. El amor vence a la rigidez totalitaria y terrorista. El amor es incluso más fuerte que la verdadera mala de la película, la señora Sebastian, interpretada de manera escalofriante por Leopoldine Konstantin, en el papel de su vida.