ALDRICH Robert (1918-1983)

Apache (Apache) (1954: 7.0)

En broma I: Apache es la historia de un mozalbete blanco, fortachón y con exceso de testosterona, llamado Burt Lancaster, que quiere hacernos creer, mediante el maquillaje, el vestuario, los guantazos, las carreras y los sudores, que es un indio apache. ¿Lo consigue? ¡No, por Dios! En todo momento somos conscientes de que el tipo que protagoniza Apache no es un apache sino una musculosa, carismática y ambiciosa estrella de Hollywood llamada Burt Lancaster.

En broma II: En realidad, lo que busca (ruda y disimuladamente) el apache Burt es una novia que lo entienda y un lugar donde vivir. Y si llega el bebé (pocas precauciones en las relaciones sexuales, hombre), pues tanto mejor. Lo que un bebé une, es más difícil separarlo. Aparte, está el campo de maíz, esforzadamente diseñado por Lancaster y su linda novia Jean Peters (que también pretende que nos creamos que es india, pobriña), que es otro vínculo indudable. Si tienes cabaña, huerto y, encima, un muchacho que cuidar, las coartadas para hacer el indio se reducen a su mínima expresión. Así que el apache llamado Burt dejará la lucha armada, renunciará a sus objetivos políticos y se dedicará a cosas domésticas: cazar conejos, encender el fuego y yacer con la enamorada india Peters.

En broma III: Lo expresa, mejor que yo, la escritora Empar Moliner en el relato “La importancia de la higiene bucodental” (incluido en Te quiero si he bebido), en los pensamientos de un simpático personaje:

 

Tiene unas ganas locas de crear rutinas con ella. De decir “A nosotros nos gusta hacer tal cosa”. Nosotros. La palabra “nosotros” le provoca estremecimientos de amor. La abraza, la besa en los párpados y le promete que la hará muy feliz.

 

En serio I: Cualquier aficionado con ganas de leer algo serio y competente sobre la obra del director norteamericano Robert Aldrich debería adquirir la revista Dirigido por (abril de 2011) y leer el extenso artículo de Antonio José Navarro, “El cine de un ‘inmoralista’”.

En serio II: Así, por ejemplo, cualquiera estaría de acuerdo con Navarro en torno al “efecto pictórico” del cine de Aldrich, muy presente en Apache (y en El hombre de Kentucky, dirigida por el propio Lancaster un año después). Y en esa brillante idea de que, en las películas de Aldrich, “la sinceridad y la fogosidad están en el mismo plano”. Cierto, sin duda, no se puede decir mejor. O cuando escribe que en el cine de este director “el hombre aparece como pura masa energética, incontrolable”. Con ver un par de minutos al indio Lancaster ya nos percatamos: pensar, no sabemos si piensa mucho o no; lo que sí es evidente es que es pura intensidad y energía, pura violencia (casi) indomable.

En serio III: Más en serio (aún), le damos la razón a Navarro cuando señala que los filmes del Oeste de Aldrich “se oponen frontalmente a la épica de grandes gestos”. En efecto: nada hay en Apache que pueda denominarse épico, ornamental o grandioso. Tampoco lírico, por cierto. Aunque sí opino que la visión que se nos da del indio Burt tiende a la idealización del salvaje (no “bueno” pero sí) en estado primitivo, ingenuo y brutal. Para lo bueno y lo malo. Estoy menos de acuerdo con Navarro cuando denomina a Massai (o sea, Lancaster) “indio existencialista”, a no ser en la medida que hemos apuntado en las secciones “en broma” de más arriba: es decir, el gigante Burt se cansa de correr y saltar todo el día de un lado para otro (parece El último mohicano), se agota de ser perseguido de la mañana a la noche (como si fuera El fugitivo), y termina exhausto de enfrentarse él solo (pues los otros apaches son, o unos traidores o unos pragmáticos integrados o unos borrachos), y con gran derramamiento de sangre, a todo un ejército (como si fuese el mismísimo Rambo).

En serio IV: Apache es un film de bonitos colores y complejidad menguante. El cine de Aldrich es, sobre todo, físico y sin adornos; es inmediato, esquemático, directo, de acción y comportamiento (puro “behaviour”). El problema, si es que hay un problema, es que me faltan más elementos atractivos o singulares a los que agarrarme y, en este sentido, admitiré que si sólo fuese por este western llamado Apache, lo cierto es que este humilde comentador no tendría suficientes motivos para considerar al realizador Robert Aldrich como uno de los más grandes. Por el contrario: cada día, vaya, albergo más dudas a este respecto, Navarro, en serio.