FERNÁN GÓMEZ Fernando (1921-2007)

El extraño viaje (El extraño viaje) (1964: 9.5)

España, años 60. Aún hoy día (abril de 2011) se oye hablar sobre “el cine del franquismo” con un irritante tono de condescendencia. El franquismo duró casi 40 años, ¿tiene sentido etiquetar a todo el cine español realizado durante cuatro décadas bajo el signo de lo artísticamente deplorable, lo políticamente reprimido, lo moralmente insulso, lo estéticamente obtuso? O dicho de otra manera: ¿es el cine español del primer decenio del siglo XXI mejor que el que se realizó en la década de los sesenta? En mi opinión, no y no. Sobre la calidad media habría mucho que hablar, pero si nos referimos al puñado de obras que realmente sobresalen del conjunto, me quedo sin duda con aquellos años. Se me dirá: ¿Qué hay de Almodóvar o Amenábar, de Garci o Bollaín, de Alex de la Iglesia o Fernando León, de Coixet o Lacuesta, de los Trueba o Monzón? A lo que yo les respondería con estos diez títulos extraordinarios (teniendo en cuenta lo mucho que desconozco de ese decenio): Sólo para hombres (1960, Fernán Gómez), Viridiana (1961, Buñuel), Plácido (1961, Berlanga), El ángel exterminador (1962, Buñuel), El verdugo (1963, Berlanga), A tiro limpio (1963, Pérez-Dolz), La tía Tula (1964, Picazo), La caza (1965, Saura), Nueve cartas a Berta (1965, Martín Patino) y Peppermint Frappé (1967, Saura). A los que habría que añadir El extraño viaje (1964, Fernán Gómez) y alguna otra obra del mismo director. Y apuntaré otros seis filmes españoles notables o incluso más que eso (y sin contar más obras de Berlanga o Buñuel): El cochecito (1960, Ferreri), Atraco a las tres (1962, Forqué), Del rosa al amarillo (1963, Summers), Rififí en la ciudad (1963, J. Franco), Amador (1965, Regueiro) o Con el viento solano (1966, Camus). Todos ellos, sin ir más lejos, infinitamente más agudos, penetrantes y entretenidos que Pan negro, la ganadora en los Goya de 2010.

Sólo Godard. El extraño viaje es una de las grandes películas españolas de todos los tiempos. Y uno de los mejores títulos de cine europeo de toda esa impresionante década (y hablamos de Godard, Bresson, Truffaut, Pasolini, Antonioni, Visconti, etc.). Y, de lo que yo he visto, la segunda mejor película producida en 1964, sólo por detrás de Bande à part (Godard), a la altura de El Evangelio según San Mateo (Pasolini), y en mi opinión, sin duda por encima de cintas estupendas (incluso excelentes) pero mucho más famosas, como La noche de la iguana (Huston), Marnie (Hitchcock), La piel suave (Truffaut), My Fair Lady (Cukor), El desierto rojo (Antonioni), Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (Kubrick), El gran combate (Ford), Su juego favorito (Hawks), El más allá (Kobayashi), Soy Cuba (Kalotozov), El tren (Frankenheimer) o Por un puñado de dólares (Leone).

Mucho Fernán Gómez. Don Fernando Fernán Gómez es, para mí, la personalidad más importante de la historia del cine español. Uno de los cuatro o cinco mejores actores, además de uno de los seis mejores directores (con Buñuel, Berlanga, Saura, Erice y Almodóvar). Eso sin contar sus espléndidas memorias (El tiempo amarillo) y sus obras de teatro (p.e. Las bicicletas son para el verano). A mi modo de ver, se trata de un genio que nunca fue de genio por la vida (pese a su mal genio), quizá por eso casi nadie lo consideró como tal. El extraño viaje es una de las más asombrosas metáforas de aquella España. Una de las más estrafalarias películas de suspense que he visto. Uno de los filmes más sutilmente enigmáticos que recuerdo. Una de las obras más sorprendentes, al mismo tiempo crueles, siniestras y tiernas, que he tenido ocasión de presenciar. Una película que es, a la vez, radiográfica y rebelde, divertidísima (un sinfín de líneas de diálogo gloriosas) y, como casi todas las más grandes, una película sobre las ambiciones, la inocencia y los sueños rotos. Participa tanto del neorrealismo italo-español como de los aromas atrevidos de la Nouvelle Vague (la estructura narrativa del film; el tono equívoco de toda la obra; el baile sexy de Sara Lezana; la pareja de hermanos formada por Jesús Franco y Rafaela Aparicio; Carlos Larrañaga vestido de mujer, etc.), tanto de la reflexión existencial de un Antonioni, un Bergman o un Fellini, como de ciertas atmósferas autorales bastante críticas o bizarras del momento (algún Corman o Aldrich, algún Fuller o Tourneur, algún Losey o Bava, etc.). Se trata de un hito cinematográfico escandalosamente infravalorado fuera de España (como Surcos y El verdugo, como La caza o Furtivos). Una pena o, más bien, una ignorante (o interesada) desvergüenza. Y esto lo escribe un anti-patriota.