ALLEN Woody (1935-_)

Manhattan Murder Mystery (Misterioso asesinato en Manhattan) (1993: 8.5)

CARACTERÍSTICAS FÍLMICAS:

Un excelente y divertidísimo guión escrito a dos manos por Woody Allen y Marshall Brickman (Annie Hall, Manhattan).

Dos actores en estado (literalmente) de gracia, Allen y el gran Alan Alda.

Dos actrices estupendas: una vivaracha Diane Keaton y una misteriosa Anjelica Huston.

Un Allen director que parece de muy buen humor, mezclando con enorme habilidad comedia y crimen, como en Delitos y faltas, El sueño de Cassandra y algunas otras, pero más ligera que éstas, menos existencial, más fresca y sin pretensiones.

Un Allen que se divierte con guiños cinéfilos y calcos simpáticos de otras películas, por ejemplo de La dama de Shanghai en la brillante escena final. Misterioso asesinato en Manhattan puede verse, en su mayor parte, como una parodia de La semilla del diablo, sólo que sin diablo. Como una versión de La ventana indiscreta (pero sin ventana, más bien con puerta). Como una reescritura ligera del género detectivesco (como el primer Godard). Un divertimento de diálogos y alegre manoseo de la puesta en escena y de la cámara (se mueve y se agita más que de costumbre en un film de Allen), acaso por influjo del “indie” americano que pegaba con fuerza en esos primeros noventa (Hartley, Jarmusch, Crowe, K. Smith…): aunque incluso este aspecto más formalmente desenfadado y desgarbado de la película pudiera considerarse paródico.

REPERCUSIONES MATRIMONIALES:

El narrador y protagonista de la novela Dangling Man (Saul Bellow parece una influencia evidente en el cine alleniano) señala (traduzco): “El parloteo, el tedio y todo lo demás eran esperables, pues son parte de cualquier matrimonio”.

Quizá por eso el matrimonio que forman Allen y D. Keaton (sobre todo ella) se busca un misterio que añada sal y pimienta a su rutinaria vida. Adrenalina y emociones fuertes frente a una vida tranquila, burguesa, neoyorquina y cultural. Ese suplemento excitante más allá de los ronquidos y la ópera, los restaurantes y el cotilleo de parejas acomodadas. 

Un misterio que, además, es capaz de poner las cosas en su sitio. El matrimonio quedará salvado. Las tentaciones amorosas de Allen (con A. Huston) y de Keaton (con Alda) se desvanecen cuando comprueban que se lo pueden pasar aún mejor juntos resolviendo un peligroso crimen. El personaje de Woody demuestra que puede ser un tipo valiente si se lo propone. Y el personaje de Diane evidencia que puede atreverse con todo si huele gato encerrado. Así que adiós parloteo inane, adiós tedio. Bienvenido (siempre) Allen.