MEDEM Julio (1958-_)

Beiak-Vacas (Vacas) (1992: 9.0)

En esta sensacional ópera prima, Julio Medem nos demostraba, por ejemplo…

-que era viable crear suspense nada menos que en torno a dos cortadores de troncos en competición a vida o muerte;

-que era posible convertir a las vacas en animales metafísicos a partir de su pura fisicidad;

-que era plausible elaborar una poética propia e inconfundible a partir del ruralismo metafórico español (Gutiérrez Aragón, el Tasio de Armendáriz, etc.), pasando por Erice y Saura, flirteando con tipos como Glauber Rocha o Tarkovsky (o aquella película búlgara, Cuerno de cabra), haciendo planos generales como de Kiarostami y construyendo una relación entre el hombre y la naturaleza que se acercaba al existencialismo sensorial de algún Malick (pero en más bruto y al grano). Un elevado y absorbente cosmopolita, el joven Medem.

¿Cómo no pensar qué podría ser (hoy) de una película como Vacas en 3-D, tras la (muy agradable y positiva) experiencia de Avatar?

Julio Medem, un talento natural, irrumpía en el anquilosado cine español con una obra en verdad arriesgada. Digo “en verdad” por esto que viene debajo:

-En ocasiones me llama la atención que sigamos a vueltas con la forma y el contenido. El arte (¡por Dios!) es primordialmente Forma, o no es nada. Un artículo (“Turbación”) del crítico C. Boyero es ilustrativo de lo que quiero decir (El País, marzo de 2011). Mostrando su atracción hacia la serie televisiva americana Breaking Bad, Boyero escribía por ejemplo que el argumento de la serie habría espantado en otra época a cadenas de televisión “que presumían de criterios vanguardistas”. O señalaba que se trata de una “propuesta con apariencia extravagante o suicida”, luego añadiendo “historia insólita, transgresora, incómoda, sin coartadas”. Aunque después ya nos lo aclaró: “El tema es tan arriesgado como indigesto”. ¿El tema? Pues por lo que escribe Boyero, algo que ver con el cáncer y las anfetaminas. ¡Qué fuerte, tío!

O sea que lo extravagante era el tema: vale.

¿Cómo seguimos sosteniendo un malentendido semejante? Los argumentos o temas no tienen nada ni de transgresores ni de vanguardistas ni suicidas ni nada semejante. Un mismo o parecido argumento firmado por Almodóvar o Haneke, por Sam Mendes o Kitano, por Moretti, Cronenberg o cualquier becario de Hollywood, nos va a dar películas radicalmente opuestas. Lo que apunta Boyero es lo más fácil: cientos de jóvenes “talentos” siguen pensando que la clave de todo el business audiovisual es lograr “el más difícil todavía”. Pues si es así...

...Pues nada, os doy ideas: venga, ahora una trama en la que una enfermera ninfómana y adicta al pegamento se dedica a profanar tumbas y, cuando lo hace, se convierte en vampira lesbiana durante toda la noche; a la mañana siguiente, vuelve a ser la enfermera coqueta deseada por todos los pacientes, aunque en realidad sea espía del FBI…

Lo en verdad original y hasta vanguardista es, sin ir más lejos, este cine de Medem: que opta por perspectivas absolutamente distintas, por ritmos elípticos apabullantes, por planos nunca vistos (ese espantapájaros con la guadaña, esa cámara que penetra en los ojos de las vacas, etc.), logrando que el resultado final sea sólido artísticamente, de poderosa fuerza subjetiva y simbólica y, en suma, una sorpresa gozosa y continua para los sentidos.

Lo otro no es ni transgresión ni gaitas: aunque aún esté muy bien visto, en especial por aquellos que siguen viendo, en la pantalla, poco más que meros argumentos.